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Los jesuitas
jueves, 28 de marzo de 2013
Un jesuita dice que el Papa "cambiará cosas" si "no lo matan antes"
Un jesuita dice que el Papa "cambiará cosas" si "no lo matan antes"
El español José Ruiz de Galarreta aseguró que Ratzinger se había "retirado por miedo". Contra qué poderes se enfrenta Francisco.
José Enrique Ruiz de Galarreta, unjesuita pamplonés de 75 años, considera que el Pontífice podría cambiar muchos aspectos de la Iglesia actual, pero que se deberá enfrentar a la corrupción y a la Curia, la cual deberá cambiar miembro por miembro.
En diálogo con el diario españolNoticias de Navarra, el jesuita expresó que "apuesta porque el nuevo Papa se enfrente a la corrupción en El Vaticano y forme un equipo de confianza diferente al que actualmente gobierna la Iglesia". Se mostró optimista, ya que considera que el nuevo Pontífice es una persona "sincera y humilde" pero le recomienda que "se lo tome con calma" y que vaya "colocando un equipo de confianza y valía".
En relación a la elección de Jorge Mario Bergoglio por sobre otros cardenales, opinó que "había muchos que no querían cardenales tan continuistas con los Papas anteriores, como es el caso de Scola". "Así que han buscado alguien que fuera lo suficientemente moderado para no provocar una ruptura total pero que pudiera cambiar cosas, como la renovación de la Curia", explicó.
Al ser consultado por los principales problemas que deberá enfrentar en su pontificado, Ruiz de Galarreta señaló que "son tal la cantidad de problemas que va teniendo la Iglesia que poco a poco van saliendo...".
Y agregó: "Se ha sabido que durante tiempo hubo protección por parte de algunas personas aMarcial Maciel (titular de la congregación mexicana Legión de Cristo, señalada por pedofilia) y se ha descubierto al protector de ese monstruo, pero todavía hay que investigar mucho más acerca de la pederastía de lo que se ha sacado hasta ahora. Por otra parte, la corrupción económica que hay en los partidos políticos se queda en nada comparada con la sigue habiendo en El Vaticano".
"Bergoglio se atreverá a cambiar si no lo matan antes", enfatizó el jesuita. Y concluyó: "Ratzinger se ha retirado por miedo y los Papas anteriores no han sido eficaces. Es un tema que se ha tratado demasiado en forma de espectáculo. Por eso, se ha estudiado muy poco la razón real de por qué Ratzinger deja el cargo, es un tema en el que hay que profundizar, y creo que detrás está ese miedo del que hablaba. La eficacia se ha visto perjudicada por la edad".
La vida del jesuita argentino antes de llegar a lo más alto de la Iglesia Católica
jueves, 21 de marzo de 2013
En este extracto de la biografía de Jorge Mario Bergoglio, El Jesuita, e revela cómo decidió ser cura.
—¿Cómo se conocieron sus padres?
— Se conocieron en 1934 en misa, en el oratorio salesiano de San Antonio, en el barrio porteño de Almagro, al que pertenecían. Se casaron al año siguiente. (...) Me acuerdo mucho de uno de esos tíos abuelos, que era un viejo pícaro, y que nos enseñaba a cantar cantitos medio subiditos de tono en dialecto genovés. Por eso, lo único que sé en genovés son cosas irreproducibles.
— ¿Jugaba con sus padres?
— Sí, a la brisca y otros juegos de naipes. Como papá jugaba al básquet en el club San Lorenzo, nos llevaba a veces. Con mamá escuchábamos los sábados a las dos de la tarde las óperas que pasaba Radio del Estado (hoy Radio Nacional). (...)
— ¿Se portaban bien? No es algo fácil para un chico conectarse con una ópera…
— Sí… bueno. A veces en la mitad empezábamos a dispersarnos, pero ella nos mantenía la atención, porque durante el desarrollo continuaba con sus explicaciones. (...) Sobre todo, recuerdo a papá y mamá compartiendo con nosotros, jugando… cocinado…
—¿Cocinando?
—Me explico: mamá quedó paralítica después del quinto parto, aunque con el tiempo se repuso. Pero, en ese lapso, cuando llegábamos del colegio la encontrábamos sentada pelando papas y con todos los demás ingredientes dispuestos. Entonces, ella nos decía cómo teníamos que mezclarlos y cocinarlos. (...) Todos sabemos hacer, por lo menos, milanesas. (...)
—¿Y cocina bien?
— Bueno, nunca maté a nadie…
Cuando terminó la escuela primaria, su padre lo llamó y le dijo: "Mirá, como vas a empezar el secundario, conviene que también comiences a trabajar; en las vacaciones te voy a conseguir algo”. (...) "Le agradezco tanto a mi padre que me haya mandado a trabajar. El trabajo fue una de las cosas que mejor me hizo en la vida y, particularmente, en el laboratorio aprendí lo bueno y lo malo de toda tarea humana”, subraya. Con tono nostálgico, agrega: “Allí tuve una jefa extraordinaria, Esther Balestrino de Careaga, una paraguaya simpatizante del comunismo que años después, durante la última dictadura, sufrió el secuestro de una hija y un yerno, y luego fue raptada junto con las desaparecidas monjas francesas: Alice Domon y Léonie Duquet, y asesinada. Actualmente, está enterrada en la iglesia de Santa Cruz. La quería mucho. (...)".
Era 21 de septiembre y, al igual que muchos jóvenes, Jorge Bergoglio –que rondaba los 17 años– se preparaba para salir a festejar el Día del Estudiante con sus compañeros. Pero decidió arrancar la jornada visitando su parroquia. Era un católico practicante que frecuentaba la iglesia porteña de San José de Flores. Cuando llegó, se encontró con un sacerdote que no conocía y que le transmitió una gran espiritualidad, por lo que decidió confesarse con él. Grande fue su sorpresa al comprobar que (...) le permitió descubrir su vocación religiosa (...): tenía que ser sacerdote.
—¿Por qué eligió ser sacerdote jesuita?
—(...) Después de pasar por el seminario arquidiocesano de Buenos Aires, entré a la Compañía de Jesús atraído por su condición de fuerza de avanzada de la Iglesia, hablando en lenguaje castrense, desarrollada con obediencia y disciplina. Y por estar orientada a la tarea misionera. (...)
—De todas maneras, su decisión no fue precipitada. Tardó cuatro años en entrar al seminario.
—(...) Es cierto que yo era, como toda mi familia, un católico práctico. Pero mi cabeza no estaba puesta sólo en las cuestiones religiosas, porque también tenía inquietudes políticas, aunque no pasaban del plano intelectual. Leía Nuestra Palabra y Propósitos, una publicación del Partido Comunista y me encantaban los artículos de uno de sus conspicuos miembros (...) Leónidas Barletta (...) Pero nunca
fui comunista.
fui comunista.
(...) Era su materia preferida y la sabía perfectamente; de todas maneras lo mandaron a examen por no haber cumplido con una tarea y, desde entonces, supuso que aprobarla no iba a ser fácil. Que no se a iban a hacer fácil. Una premonición que se reveló acertada ni bien estuvo frente a la mesa examinadora. “A ver chiquito… ¿que bolilla elegís?”, le preguntó uno de sus integrantes. “¡Ninguna!”, contestó por él su profesor. Y agregó, en medio de cierto desconcierto de los presentes: “Va a hablar de toda la materia.” El tercero de la mesa, como para distender, acotó irónicamente: “Lo bueno de esto es que no hay nada que uno haya estudiado inútilmente.” (...) Finalmente, habló su profesor: “La nota que correspondería es un diez, pero debemos ponerle un nueve, no para amonestarlo, sino para que se acuerde siempre que lo que cuenta es el deber cumplido día a día; el realizar el trabajo sistemático, sin permitir que se convierta en rutina; el construir ladrillo a ladrillo, más que el rapto improvisador que tanto le seduce.”
El profesor era Jorge Bergoglio y el alumno, Jorge Milia, quien relata este episodio en su libro de memorias de su juventud, De la edad feliz, escrito cuarenta años más tarde. “Nunca olvidé esa lección, que aún hoy tengo presente, ni sentí que me mandasen a rendir con más justicia”, cuenta Milia en sus sentidas páginas, donde narra los años que cursó en el colegio de la Inmaculada Concepción, de la ciudad de Santa Fe, perteneciente a la Compañía de Jesús. (...) En ese instituto, el entonces padre Bergoglio hizo su primera experiencia como docente, que después continuó en el colegio de El Salvador, de Buenos Aires. (...) En su libro, Milia evoca aquella pedagogía: “Hacernos arrancar con el cantar del Mío Cid era como enfrentarnos a los molinos de viento del Quijote, pero nada fue como temíamos; lo bueno de Bergoglio era que no había puertas cerradas”. (...) Bergoglio nos agrega que para estimular a los alumnos les hacía escribir cuentos y que en un viaje a Buenos Aires se los mostró, nada menos, que a Jorge Luis Borges. “Le gustaron y alentó su publicación, prometiendo que escribiría el prólogo”, destaca.Y así fue: se editaron con el título de “Cuentos Originales”. (...)
— ¿Cuál es su opinión acerca de la llamada Teología de la Liberación?
— Fue una consecuencia interpretativa del Concilio Vaticano II. (...) Como se recordará, en su momento, Juan Pablo II le encargó al entonces cardenal Ratzinger que estudiara la Teología de la Liberación, lo que desembocó en dos instrucciones, dos sucesivos libritos donde se la describe, se señalan sus límites (uno de los cuales es la apelación a la hermenéutica marxista de la realidad). (...)
— Entonces ¿considera que hubo teólogos de la liberación que equivocaron el camino?
— Desviaciones hubo. Pero también hubo miles de agentes pastorales, sean sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos jóvenes, maduros y viejos, que se comprometieron como lo quiere la Iglesia y constituyen el honor de nuestra obra, son fuente de nuestro gozo. El peligro de una infiltración ideológica fue desapareciendo en la medida en que fue creciendo la conciencia sobre una riqueza muy grande de nuestro pueblo: la piedad popular.(...)
— ¿No insiste demasiado la Iglesia en ciertos aspectos de la conducta humana como los referidos a la moral sexual?
— La Iglesia predica aquello que cree que es lo mejor para las personas, que las hace más plenas, más felices. Pero con frecuencia se produce un reduccionismo degradante. (...)
— ¿Usted quiere decir, entonces, que algunos están más preocupados por los temas sexuales que por el meollo del mensaje religioso?
— A eso voy. Después del encuentro con Jesucristo viene la reflexión, que sería el trabajo de la catequesis. La reflexión sobre Dios, Cristo y la Iglesia, de donde se deducen luego los principios, las conductas morales religiosas, que no están en contradicción con las humanas, sino que le otorgan una mayor plenitud. (...)
—Por ejemplo, ¿en qué lo observa?
— Basta escuchar algunas homilías, que deben ser kerygmáticas con algo de catequesis, pero que terminan siendo morales, a lo sumo catequéticas. Y dentro de la moral —aunque no tanto en las homilías como en otras ocasiones— se prefiere hablar de la moral sexual, de todo lo que tenga algún vínculo con el sexo. Que si esto se puede, que si aquello no se puede. Que si se es culpable, que si no se es culpable. Y entonces, relegamos el tesoro de Jesucristo vivo, el tesoro del Espíritu Santo en nuestros corazones, el tesoro de un proyecto de vida cristiana que tiene muchas otras implicancias más allá de las cuestiones sexuales. (...)
— Hablemos de la batalla contra el aborto.
— La sitúo en la batalla a favor de la vida desde la concepción hasta la muerte digna y natural. Esto incluye el cuidado de la madre durante el embarazo, la existencia de leyes que protejan a la mujer en el post parto, la necesidad de asegurar una adecuada al imentación de los chicos, como también el brindar una atención sanitaria a lo largo de toda una vida, el cuidar a nuestros abuelos y no recurrir a la eutanasia. Porque tampoco debe “submatarse” con una insuficiente alimentación o una educación ausente o deficiente, que son formas de privar de una vida plena. Si hay una concepción que respetar, hay una vida que cuidar.
— ¿La Iglesia no cierra los caminos que evitarían muchos abor tos oponiéndose a la difusión de los métodos anticonceptivos y,en algunos lugares, limitando la educación sexual?
— La Iglesia no se opone a la educación sexual. Personalmente, creo que debe haberla a lo largo de todo el crecimiento de los chicos, adaptada a cada etapa. (...) Lo que pasa es que actualmente muchos de los que levantan las banderas de la educación sexual la conciben separada de la persona humana. Entonces, en vez de contarse con una ley de educación sexual para la plenitud de la persona, para el amor, se cae en una ley para la genitalidad. (...) ¿La eliminación del celibato disminuiría los casos de abusos sexuales? (...) Si hipotéticamente alguna vez lo hiciera, sería por una cuestión cultural, como es el caso de Oriente, donde se ordenan hombres casados. (...) El 70 % de los casos de pedofilia se producen en el entorno familiar o vecinal. Hemos leído crónicas de chicos abusados por sus papás, sus abuelos, sus tíos, cuando no por sus padrastros. O sea, son perversiones de tipo psicológico previas a una opción celibataria.
Los jesuitas ofrecen al Papa "todos los recursos de los que dispone la Compañia"
miércoles, 20 de marzo de 2013
Francisco y Adolfo Nicolás
Adolfo Nicolás relata su encuentro con Francisco
Los jesuitas ofrecen al Papa "todos los recursos de los que dispone la Compañia"
Primer y fructifero encuentro entre el Pontífice y el "papa negro"
Jesús Bastante, 20 de marzo de 2013 a las 16:51
Trabajaremos muy bien juntos al servicio de la Iglesia en nombre del Evangelio
El "Papa negro", Adolfo Nicolás, general de los jesuitas
Bergoglio, con la plana mayor de los jesuitas argentinos en 1976
El prepósito general de los jesuitas, el español Adolfo Nicolás, se reunió con el papa Francisco en el Vaticano y le ha ofrecido "todos los recursos" de la Compañía de Jesús, "dado que en su nueva posición necesitará consejos, ideas y personas", informó hoy la congregación en un comunicado donde Nicolás relata, en primera persona, el encuentro.
El general de los jesuitas acudió al Vaticano el pasado día 17, "por invitación personal" del papa Bergoglio, también jesuita, con el que se reunió en la residencia de Santa Marta, donde se aloja el pontífice en estos días hasta que el apartamento papal este acondicionado.
"El me esperaba en la entrada y me recibió con el normal abrazo entre jesuitas. A petición suya nos hicimos unas fotos y ante mis excusas por no conocer el protocolo, insistió en que me mostrase con él como con otro jesuita, hablándole de 'tú' y que no me preocupara por llamarle santidad o santo padre", contó Nicolás, según la nota facilitada por la casa generalicia de los jesuitas en Roma.
Nicolás ofreció al papa Francisco "todos los recursos de los que dispone la Compañía, dado que en su nueva posición necesitará consejos, ideas, personas, etc". "Me lo agradeció, le invité a visitar la curia(la sede central de los jesuitas, a pocos pasos del Vaticano) y a almorzar con nosotros. Me dijo que lo hará", añadió Nicolás.
Sobre los temas tratados, Nicolás dijo quehubo "plena comunión" y que está convencido de que "trabajaremos muy bien juntos al servicio de la Iglesia en nombre del Evangelio".
El superior de los jesuitas agregó que el encuentro se desarrolló en un ambiente de serenidad y alegría y que abandonó la residencia de Santa Marta "convencido de quevaldrá la pena colaborar plenamente con él (el papa) en la Viña del Señor".
Nicolás destacó que al final de la reunión, el papa le ayudó a colocarse el abrigo y le acompañó hasta la puerta de Santa Marta.
Nicolás destacó que al final de la reunión, el papa le ayudó a colocarse el abrigo y le acompañó hasta la puerta de Santa Marta.
"De nuevo un abrazo, un bonito modo de encontrar y despedir a un amigo", subrayó. Adolfo Nicolás concelebró ayer con el papa la misa solemne de inicio de pontificado.
Éste es el relato íntegro del general de la Compañía de Jesús:
Respondiendo a una invitación personal del Papa Francisco, a las 5.30 de la tarde he estado en la Casa de Santa Marta, donde han vivido los cardenales que asistían al cónclave. El mismo Papa estaba a la puerta y me recibió con el abrazo con que nos solemos saludar los jesuitas. A petición suya nos hicimos algunas fotografías, y ante mis disculpas porque no me ajustaba al protocolo, insistió en que le tratara como a cualquier otro jesuita, llamándole de tú, de modo que no tuve que estar pendiente de darle el tratamiento de Santidad o Santo Padre.Le ofrecí todos los recursos de que dispone la Compañía, ya que, en su nueva situación, va a verse necesitado de personas, grupos de consejo y reflexión, etc. Se mostró agradecido por mi ofrecimiento, y cuando le invité a que viniera a comer con nosotros en la curia me dijo que sin duda lo hará.Hubo total sintonía en nuestra manera de sentir acerca de una variedad de temas que tocamos en la conversación, y quedé convencido de que trabajaremos muy bien juntos, al servicio de la Iglesia y en nombre del Evangelio.Se dio un entendimiento mutuo con paz y humor hablando del pasado, presente y futuro. Deje la Casa de Santa Marta persuadido de que el Papa contará con gusto con nuestra colaboración al servicio de la viña del Señor. Al final me ayudó a ponerme el abrigo y me acompañó a la puerta. Esto me proporcionó unos cuando saludos de parte de los guardias suizos que allí estaban. Un abrazo jesuítico, de nuevo, como modo natural de saludar y recibir a un amigo
(Rd/Agencias)
Huellas del pasado jesuita en el país del papa Francisco
La histórica elección del primer papa jesuita despertó interés por conocer el legado histórico de la Compañía de Jesús en su país natal.
De pronto, las agencias de viajes de laProvincia de Misiones recibieron cientos de pedidos de reservas y visitas guiadas a antiquísimos monumentos jesuíticos, en coincidencia con la designación del papa argentino, Francisco, perteneciente a la Orden de Jesús, como primer latinoamericano americano elegido para liderar la Iglesia Católica.
Envuelta por un halo de misterio, la ciudad de San Ignacio resiste el paso del tiempo custodiando las ruinas con mayor valor histórico-cultural de la Provincia de Misiones,a unos 50 kilómetros de la ciudad de Posadas. Su serenidad característica, su vegetación, su aire puro y su misticismo convierten a esta localidad en un encantador destino, uno de los preferidos entre los principales puntos turísticos de Misiones.
De acuerdo con las investigaciones arqueológicas de la misionera Ruth Poujade y otros de sus colegas, se estima que el territorio misionero fue habitado desde unos 10.000 años atrás. Los guaraníes ingresaron en la región desde el siglo X, lo que implicó el desplazamiento y la aculturación de grupos que ya habitaban allí, como los kaingangs o los guayanas.
El arribo de los primeros colonizadores a la región se produjo en el siglo XVI, como lo contóAlvar Nuñez Cabeza de Vaca en 1542: «… y en la ribera del río estaba muy gran número de indios de la misma generación de los guaraníes: todos muy emplumados con plumas de papagayos y almagrados, pintados de muchas maneras y colores, y con sus arcos y flechas en las manos hechos un escuadrón de ellos, que era muy gran placer de los ver…»
Según narra la historia, los sacerdotes José Cataldino y Simón Masceta fundaron en 1610, en la región del Guayrá (Brasil), la reducción de San Ignacio Miní, junto a otras que, en 1631, serían asediadas en forma constante por los cazadores portugueses de esclavos (bandeirantes). Sólo el pueblo de San Ignacio y el de Nuestra Señora del Loreto sobrevivirían a los ataques, emigrando en 1632 y estableciéndose a orillas del río Yabebirí, en la actual provincia de Misiones.
San Ignacio Miní se establecería en el sitio donde hoy perduran sus ruinas en el año 1696, como una experiencia social, cultural y religiosa única de su tipo, protagonizada por los pueblos originarios y la Compañía de Jesús. Posteriormente, todas las reducciones, incluso ésta, serían destruidas por el dictador paraguayo Gaspar Rodríguez de Francia, en 1817, y restauradas en forma total en la década de 1940, situación que permite apreciarlas actualmente. En 1984 fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Antes de entrar, hay que pasar por el Centro de Interpretación, un museo que trata de situar las acciones jesuíticas en su contexto. En un edificio neocolonial, con tejas rojas, sus colecciones muestran objetos como instrumentos de cuerda creados por los guaraníes y una formidable maqueta explicativa de la misión original. Un panel con audífonos, por ejemplo, nos permite oír viejas leyendas en idioma guaraní, junto al texto en inglés y castellano. Otro, permite comparar la música sacra oficial de las misiones con temas como Ñanembaraete ‘i Katu (“Nos fortalece la vida”), donde los ritmos y coros minimalistas de los guaraníes incorporan instrumentos europeos.
Al salir del museo, los visitantes llegan a la Plaza de Armas, rodeada en tres de sus lados por los cimientos del sector de los guaraníes -había 4.000-. Lo más impresionante es la Iglesia de San Ignacio Miní, de piedra roja, con una fachada de 24 metros tan cuidada que su supervivencia, tras casi dos siglos de abandono, es todo un homenaje a la habilidad de los artistas guaraníes que la construyeron, siguiendo el diseño del arquitecto italiano Juan Brasanelli.
El templo mayor, de tres naves, fue construido con piedras de la zona, la cubierta era de tejas, a dos aguas, sostenida por una estructura de madera. En toda la arquitectura del asentamiento puede apreciarse el legado guaraní, palomas, y dibujos de las flores del lugar.
Flanqueada por el cementerio y los claustros, las decoraciones de sus arcos y columnas incluyen figuras de ángeles, palomas y flora local. Los suelos son un verdadero “rompecabezas” de bonitas losas. Inevitablemente, hay andamios de madera que sujetan las frágiles paredes de la iglesia. También hay otros edificios muy originales, como los talleres e incluso la cárcel.
San Ignacio es la misión jesuítica argentina mejor conservada, y por tanto la más visitada, pero no es la única en la zona. En la Misión de Nuestra Señora de Loreto, situada a 10 km al oeste de San Ignacio y a 3 km de la Ruta Nacional 12, los visitantes pueden hacerse una idea de qué aspecto debía tener San Ignacio antes de su restauración. Todavía cubierta por la vegetación, buena parte del lugar sólo puede entenderse mediante placas explicativas.
A unos 16 km al sur de San Ignacio y a tan sólo 1 km de la ruta 12, un andamio sujeta las frágiles paredes de ladrillo de la Misión Santa Ana. Entre sus restos, puede entreverse la iglesia, las que fueran residencias de los guaraníes hace 400 años, los talleres y el cementerio -que se volvió a usar y a abandonar en el siglo XX, y que más bien parece el decorado para una película de terror.
Lea además: Guía de recomendaciones para visitar San Ignacio
HUELLAS JESUÍTICAS EN CÓRDOBA
La presencia jesuítica en la época colonial argentina tuvo epicentro en la provincia de Córdoba (centro del país) y dejó en esa provincia, como herencia, una serie de estancias hoy convertidas en una ruta turística que forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.
La historia comenzó en 1599, con la instalación de la Compañía de Jesús, fundadora de la Universidad de Córdoba y del Colegio de Montserrat, que aún forman parte del comienzo de esta ruta: la Manzana Jesuítica, en la ciudad capital.
En ocasión de la Semana Santa, se organizan visitas guiadas en varios idiomas por elTemplo Mayor de la Compañía de Jesús, la Capilla de Lourdes, la Sacristía y Contra-Sacristía, el claustro mayor de la Universidad, las Salas de Exposición de la Librería Jesuítica y su colección de incunables. También se organizan recorridos y eventos especiales, como muestras de arte y conciertos, en la red de estancias establecidas por los jesuitas para sostener sus actividades.
Estas estancias eran fincas agroganaderas equipadas con los talleres y sistemas necesarios para sostener el trabajo rural, minero, metalúrgico y textil de las misiones. Los complejos abarcaban así áreas de producción, depósitos, rancherías para los esclavos e indígenas, quintas, huertas, chacras y campos para los animales, además de las capillas que hoy son el emblema de cada una de las estancias.
La más antigua de la actual ruta turística es la Estancia de Caroya, fundada en 1616en una zona hoy apreciada por sus vinos y embutidos, donde entre 1814 y 1816 funcionó la primera fábrica de armas blancas que abastecía de bayonetas al ejército nacional en lucha contra la colonización española. Aquí se conservan la residencia principal, el tajamar y restos del molino y las acequias.
Dos años más tarde se fundó Jesús María, 4 kilómetros al norte de Caroya en lo que era el trazado del Camino Real hacia la capital del Virreinato del Río de la Plata. Esta localidad se destaca por la cúpula central ornamentada con relieves de su iglesia, donde se puede apreciar el trabajo de los artistas aborígenes que vivían en la estancia.
La tercera estancia de la ruta es Santa Catalina, la más grande de todas, fundada en 1622 a 70 kilómetros de la capital provincial. Aquí, tras realizar un ingente trabajo de provisión de agua, los jesuitas mantuvieron un importante centro de producción ganadera, con miles de vacas, ovejas y mulas. Su iglesia es una obra de arte del barroco colonial americano, con influencias del barroco centro europeo. En su interior se conservan tallas policromadas, lienzos religiosos y retablos que forman parte del patrimonio artístico colonial argentino.
En 1643 los jesuitas se establecieron en Alta Gracia, al pie de las Sierras Grandes, donde hoy se visita un monumental conjunto que incluye la Casa del Virrey Liniers. El sitio conserva la estructura original, hoy organizada en 17 salas de exposición permanente que trazan la historia del modo de vida cordobés desde los siglos XVII al XIX.
Finalmente, el circuito de las estancias jesuíticas concluye en La Candelaria, fundada en 1683, donde la brillante fachada blanca de la iglesia pone una nota armoniosa en el entorno serrano. Situada en una zona más inhóspita que las otras, 220 kilómetros al noroeste de Córdoba, La Candelaria afrontó las inclemencias del tiempo y los malones indígenas: en términos arquitectónicos, esto se tradujo en una muralla de piedra con una única puerta de acceso. Casi intacta desde su fundación, la iglesia alberga algunas imágenes, una talla de la Virgen de la Candelaria y un pequeño recinto cerca de la entrada desde donde se vigilaba en todo momento, misas incluidas, el peligro de una irrupción indígena.
(*) Con información del Ministerio de Turismo de Misiones / Agencia Tur Noticias / Agencia Sunny Travel News
Jesuitas: tienen mente creativa, son líderes y tienen éxito
Un libro revela los secretos de la gestión de la Compañía de Jesús en sus siete siglos de vida.
| San Ignacio de Loyola, junto a San Francisco Javier, inició la Compañía de Jesús en 1540. | Foto: Cedoc |
En poco más de una generación, la compañía que fundaron en 1540 diez jesuitas sin capital ni plan de negocios llegó a ser la más influyente del mundo. Como confidentes de monarcas europeos, del emperador Ming de la China, del shogun japonés, del emperador mogol de la India, los jesuitas podían jactarse de tener relaciones que no igualaba ninguna entidad comercial ni religiosa ni oficial. Pero movidos por una energía infatigable, no estaban tan a gusto en las cortes imperiales como a campo raso probando nuevas fronteras.
Aun cuando sus viajes los llevaron a los últimos rincones del mundo entonces conocido, invariablementeexploraban toda frontera para averiguar qué había más allá. Exploradores jesuitas fueron de los primeros que cruzaron el Himalaya y penetraron en el Tíbet, remontaron en canoas las cabeceras del Nilo Azul y trazaron el curso del alto Misisipi.
Sus colegas en Europa dedicaron la misma fuerza de voluntad y la misma energía a crear lo que llegó a ser la más extensa red de educación superior del mundo. Sin tener ninguna experiencia docente se las arreglaron para fundar treinta universidades en el curso de diez años. Para fines del siglo XVIII tenían setecientas escuelas secundarias y universidadesesparcidas por los cinco continentes.
Se ha calculado que los jesuitas educaban a un 20% de los europeos que seguían cursos clásicos de enseñanza superior. Los que habían quedado en Europa y los que estaban por fuera se reforzaban mutuamente en una rica relación simbiótica. Astrónomos y matemáticos jesuitas de Roma suministraban a sus colegas en la China conocimientos que les daban alto prestigio e influencia en aquel país como directores de la oficina astronómica, reformadores del calendario y consejeros personales del emperador.
Los que estaban en remotos países pagaban con creces a sus colegas europeos permitiéndoles grabar en forma indeleble su mística corporativa como eruditos y precursores esparcidos por todo el mundo. Los jesuitas franceses obsequiaron a Luis XV con un ejemplar del primer atlas integral de la China, en una edición de pastas con incrustaciones de cobre preparada por clérigos connacionales en la China a solicitud del emperador. Los sabios europeos conocieron la realidad del Asia, el África y América gracias a un millar de obras de historia natural y geografía redactadas por jesuitas de todo el orbe.
No todas sus realizaciones fueron académicas. A pesar de que una amarga lucha religiosa dividió a protestantes y católicos en Europa durante la contrarreforma, las víctimas de las fiebres, cualquiera que fuese su religión, consumían agradecidas la quinina, destilación de lo que popularmente se llamó la corteza jesuita; y las gotas a base de benjuí, cuyas propiedades medicinales habían aprendido los jesuitas de las poblaciones indígenas del nuevo mundo, aliviaban a quienes padecían irritaciones de la piel.
La innovadora y mundialmente extendida Compañía de Jesús aún existe. Enana pareció en un tiempo al lado de corporaciones religiosas mucho más numerosas, pero desde hace mucho es un gigante que las supera a todas. Sus 21 mil profesionales dirigen 2 mil instituciones en más de un centenar de países.
Han trascurrido más de 450 años desde su fundación. Esta longevidad es ya de por sí un notable testimonio de éxito en el darwiniano ambiente de las grandes empresas. Los jesuitas marchan inexorablemente hacia su quinto centenario; por contraste, sólo 16 de las cien compañías más grandes que había en los Estados Unidos en 1900 subsistieron lo suficiente como para celebrar un centenario.
¿Por qué han prosperado y prosperan aún los jesuitas? ¿Qué motivó su creatividad, su energía e innovación? ¿Por qué han triunfado cuando tantas otras compañías y organizaciones hace tiempo cayeron derrotadas?
Cuatro pilares del éxito. Lo que a menudo pasa hoy por liderazgo es vana sustitución de técnica por sustancia. Los jesuitas desecharon el estilo de liderazgo aparatoso para concentrarse más bien en engendrar cuatro valores verdaderos como sustancia del liderazgo:conocimiento de sí mismo, ingenio, amor y heroísmo.
En otros términos, los jesuitas equiparon a sus aprendices para que triunfaran, formándolos como líderes que: a) entendieran sus fortalezas, sus debilidades, sus valores y tuvieran una visión acabada del mundo; b) innovaran confiadamente y se adaptaran a un mundo cambiante; c) trataran al prójimo con amor y una actitud positiva; d) se fortalecieran a sí mismos y a los demás con aspiraciones heroicas.
Además, los jesuitas formaban a todos los novicios para dirigir, convencidos de que todo liderazgo empieza por saber uno dirigirse a sí mismo. Esta fórmula de los cuatro pilares sigue siendo hoy base de la formación de un líder jesuita, y es una fórmula que puede preparar líderes en todos los campos de la vida y el trabajo.
(Extraído del libro El liderazgo al estilo de los jesuitas, que editorial Norma publicará en breve)
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