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El Papa anima a movimientos eclesiales a “ir a la calle y predicar a Jesucristo”

domingo, 7 de abril de 2013

VATICANO, 07 Abr. 13 / 10:50 am (ACI/EWTN Noticias).- Al concluir el rezo del Regina Coeli, ante los miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco exhortó a los movimientos y asociaciones de la Iglesia a “ir a la calle y predicar a Jesucristo, nuestro Salvador”.

El Santo Padre también pidió a los católicos evangelizar con “dulzura y respeto”.

El Papa saludó a los integrantes de movimientos y asociaciones que participaron en el rezo del Regina Coeli, especialmente “a las comunidades neocatecumenales de Roma, que comienzan hoy una misión especial en las calles de la ciudad”.

Francisco proclama "la bienaventuranza de la fe"


"Bienaventurados aquellos que no han visto y han creído"

Francisco proclama "la bienaventuranza de la fe"

Pidió a los fieles que sean "mensajeros y testigos de la misericordia de Dios"

Redacción, 07 de abril de 2013 a las 12:04
 Tengamos también nosotros el coraje de testimoniar la fe en Cristo resucitado!, ¡No tengamos miedo de ser cristianos y de vivir como cristianos! 
Fieles en roma, en la fiesta de la Divina misericordia/>

Fieles en roma, en la fiesta de la Divina misericordia

  • El Papa Francisco en la ventana
  • Niños en la Plaza de San Pedro
  • Fieles en roma, en la fiesta de la Divina misericordia
  • Miembros de los Kikos en la plaza de San Pedro
  • El Papa Francisco en la ventana
  • Niños en la Plaza de San Pedro
  • Fieles en roma, en la fiesta de la Divina misericordia
  • Miembros de los Kikos en la plaza de San Pedro
  • El Papa Francisco en la ventana
  • Niños en la Plaza de San Pedro
  • Fieles en roma, en la fiesta de la Divina misericordia
  • Miembros de los Kikos en la plaza de San Pedro
El papa Francisco invitó hoy a no tener miedo de ser y vivir como cristianos, a través de una Iglesia católica llamada a transmitir a los hombres la redención de los pecados para así sembrar la paz en los corazones. En el rezo en la plaza de San Pedro del Vaticano del Regina Coeli, la oración que sustituye al Ángelus durante la Pascua, el pontífice argentino indicó que la paz es el "preciado don que Cristo ofreció a sus discípulos tras haber pasado a través de la muerte y el infierno".
"La Iglesia ha recibido el mandato de Cristo resucitado a transmitir a los hombres la redención de los pecados y así hacer crecer el reino del amor, sembrar la paz en los corazones, para que se afirme en las relaciones, en las sociedades, en las instituciones", dijo Francisco.
"Y el espíritu de Cristo resucitado ahuyenta el miedo del corazón de los apóstoles y los lleva a salir del cenáculo para llevar el Evangelio. Tenemos también nosotros más valor para testimoniar la fe en Cristo resucitado. No debemos tener miedo de ser cristianos ni de vivir como cristianos", agregó.
Según el papa, "tenemos que tener esta valentía de ir a anunciar a Cristo resucitado, porque él es nuestra paz, él ha hecho la paz con su amor y su perdón son su sangre y su resurrección" y él "nos espera, nos ama, nos ha perdonado y nos perdona cada vez que vamos a pedirle perdón".
En una casi abarrotada y soleada plaza de San Pedro, Francisco reconoció como "dichosos" quienes a través de la Iglesia y el testimonio de los cristianos creen que Jesucristo es el amor de Dios hecho carne, quien además ofreció la paz a sus discípulos, ya no solo como un saludo ni como un deseo, sino como un "preciado don".
"Esta paz es el fruto de la victoria del amor de Dios sobre el mal, es el fruto del perdón. Y es justamente así: la verdadera paz, la profunda, viene de tener experiencia en la misericordia de Dios. Hoy es el domingo de la Divina Misericordia, por voluntad del beato Juan Pablo II, que cerró los ojos a este mundo justo en la vigilia de esta celebración", afirmó.
Precisamente Francisco tiene previsto este domingo, a las 17.00 hora local (15.00 GMT) presidir el acto de dedicatoria de una plaza a Juan Pablo II en las inmediaciones de la basílica romana de San Juan de Letrán, donde media hora más tarde tomará posesión de la cátedra de obispo de Roma, cargo reservado a los papas. (RD/Agencias)
La información en Radio Vaticano
(RV).- En el domingo que concluye la Octava de Pascua, intitulado por Juan Pablo II "de la divina misericordia", en la oración del "Regina Coeli" con la muchedumbre de peregrinos reunidos en plaza san Pedro, papa Francisco saludo con las mismas palabras de Jesús resucitado: "Paz a ustedes" explicando que la paz "no es un saludo, ni menos un simple deseo: es un don, es más, el don precioso que Cristo ofrece a sus discípulos, después de haber pasado a través de la muerte y de los infiernos".
Esta paz dijo el obispo de Roma "es fruto de la victoria del amor de Dios sobre el mal, es el fruto del perdón. Y es propiamente así: la verdadera paz, aquella profunda, viene de hacer la experiencia de la misericordia de Dios".
Refiriéndose a las apariciones de Jesús resucitado a sus discípulos en el Evangelio de Juan, papa Francisco retomó las palabras de Jesús: "Felices los que creen sin haber visto". Podemos llamarla -dijo, la bienaventuranza de la fe. "En cada tiempo, en cada lugar, son felices aquellos que atraves de la Palabra de Dios, proclamada en la Iglesia y testimoniada por los cristianos, creen que Jesucristo es el amor de Dios encarnado, la Misericordia encarnada. Y esto vale para cada uno de nosotros".
El Sucesor de Pedro añadió que junto con la paz, Jesús donó a sus discípulos el Espíritu Santo, "para que pudieran difundir en el mundo el perdón de los pecados. Ese perdón que solo Dios puede dar y que su precio es la sangre del Hijo", para hacer crecer el Reino del amor, sembrar la paz en los corazones, para que se afirme también en las relaciones, en la sociedad, en las instituciones.
Francisco concluyó afirmando que el Espíritu echa de los Apóstoles el miedo y los empuja a salir para llevar el Evangelio.
"Tengamos también nosotros el coraje de testimoniar la fe en Cristo resucitado!, ¡No tengamos miedo de ser cristianos y de vivir como cristianos!
Texto completo de la alocución del Santo Padre:
Queridos hermanos y hermanas:
En este domingo que concluye la Octava de Pascua, renuevo a todos la felicitación pascual con las mismas palabras de Jesús Resucitado: "¡Paz a ustedes!" (Jn 20, 19.21.26). No es un saludo, y ni siquiera un sencillo deseo: es un don, es más, el don precioso que Cristo ofrece a sus discípulos después de haber pasado a través de la muerte y a los infiernos. Da la paz, como había prometido: "Les dejo la paz, les doy mi paz. No se la doy como la da el mundo, yo se la doy a ustedes" (Jn 14, 27). Esta paz es el fruto de la victoria del amor de Dios sobre el mal, es el fruto del perdón. Y es precisamente así: la verdadera paz, esa paz profunda, viene de hacer la experiencia de la misericordia de Dios. Hoy es el Domingo de la Divina Misericordia, por voluntad del Beato Juan Pablo II, que cerró sus ojos a este mundo precisamente en la vigilia de esta celebración.
El evangelio de Juan nos refiere que Jesús apareció dos veces a los Apóstoles encerrados en el Cenáculo: la primera, la misma tarde la Resurrección, y aquella vez no estaba Tomás, quien dijo: si no veo y no toco, no creo. La segunda vez, ocho días después, estaba también Tomás. Y Jesús de dirigió precisamente a él, lo invitó a mirar las heridas, a tocarlas; y Tomás exclamó: "¡Señor mío y Dios mío!" (Jn 20, 28). Entonces Jesús dijo: "Porque me has visto has creído. ¡Dichosos los que no han visto y han creído!" (v. 29). ¿Y quiénes eran éstos que habían creído sin ver? Otros discípulos, otros hombres y mujeres de Jerusalén que, aun no habiendo encontrado a Jesús resucitado, creyeron por el testimonio de los Apóstoles y de las mujeres. Esta es una palabra muy importante sobre la fe, podemos llamarla la bienaventuranza de la fe. Bienaventurados los que han creído sin haber visto. Ésta es la bienaventuranza de la fe. En todo tiempo y en todo lugar son bienaventurados aquellos que, a través de la Palabra de Dios, proclamada en la Iglesia y testimoniada por los cristianos, creen que Jesucristo es el amor de Dios encarnado, la Misericordia encarnada. ¡Y esto vale para cada uno de nosotros!
A los Apóstoles Jesús dio, junto con su paz, al Espíritu Santo, para que pudieran difundir en el mundo el perdón de los pecados, ese perdón que sólo Dios puede dar, y que ha costado la Sangre del Hijo (Cfr. Jn 20,21-23). La Iglesia es enviada por Cristo resucitado a transmitir a los hombres la remisión de los pecados, y así hacer crecer el Reino del amor, sembrar la paz en los corazones, para que se afirme también en las relaciones, en las sociedades, en las instituciones. Y el Espíritu de Cristo Resucitado expulsa el miedo del corazón de los Apóstoles y los impulsa a salir del Cenáculo para llevar el Evangelio. ¡Tengamos también nosotros más coraje para testimoniar la fe en Cristo Resucitado! ¡No debemos tener miedo de ser cristianos y de vivir como cristianos! Nosotros debemos tener este coraje de ir y anunciar a Cristo Resucitado. Porque Él es nuestra paz. Él ha hecho la paz con su amor, con su perdón, con su sangre, con su misericordia.
Queridos amigos, esta tarde celebraré la Eucaristía en la Basílica de San Juan de Letrán, que es la Catedral del Obispo de Roma. Recemos juntos a la Virgen María, para que nos ayude, Obispo y Pueblo, a caminar en la fe y en la caridad. Confiados siempre en la Misericordia del Señor. Él siempre nos espera. Nos ama. Nos ha perdonado con su sangre y nos perdona cada vez que vamos a Él a pedirle perdón. Tengamos confianza en su Misericordia.
Después del rezo del Regina Caeli:
«¡Queridos hermanos sean mensajeros y testigos de la misericordia de Dios!» Fue la exhortación que dirigió Francisco, después del rezo a la Reina del cielo, de este domingo. Cuando saludó cordialmente a los peregrinos que habían participado en la Santa Misa presidida por el Cardenal Vicario de Roma, en la iglesia romana del Santo Espíritu, centro de devoción de la Divina Misericordia.
Luego se dirigió con alegría a los numerosos miembros de Movimientos y Asociaciones presentes en esta cita mariana, en particular a las comunidades neocatecumenales de Roma, que empiezan una misión especial en las plazas de la Ciudad Eterna. El Santo Padre invitó a todos a llevar la Buena Noticia, a todos los ambientes de la vida, «con suavidad y respeto » (1 Pt 3,16)
En el tiempo pascual, hasta el día de Pentecostés, la comunidad cristiana, dirigiéndose a la Madre del Señor, la invita a alegrarse: «Regina caeli, laetare. Alleluia». «¡Reina del cielo, alégrate. Aleluya!». Así recuerda el gozo de María por la resurrección de Jesús, prolongando en el tiempo el «¡Alégrate!» que le dirigió el ángel en la Anunciación, para que se convirtiera en «causa de alegría» para la humanidad entera.

El Papa rezó el Francis Regina Coeli

lunes, 1 de abril de 2013

El Papa rezó el Francis Regina Coeli 
con los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro



Queridos hermanos y hermanas: 

¡Feliz Pascua a todos! Gracias por venir hoy, en tan gran número, para compartir la alegría de la Pascua, el misterio central de nuestra fe. Oremos para que el poder de la resurrección de Cristo pueda llegar a todos - especialmente a los que sufren -. Y cada lugar que está en la necesidad de la confianza y la esperanza que Cristo ha vencido el mal por completo y, por último, pero no depende de nosotros, a la gente en todas las edades, a abrazar esta victoria en nuestras vidas y en las realidades de la historia y la sociedad. Por esta razón nos parece importante señalar que hoy le pedimos a Dios en la liturgia: "Oh Dios, que dan aumento constante a su Iglesia por el nuevo descendiente, haz que tus siervos puedan afianzarse en sus vidas con el sacramento que han recibido en la fe. "(Colecta para el lunes de la octava de Pascua). 

De hecho, el bautismo que nos hace hijos de Dios y la Eucaristía que nos une a Cristo, debe convertirse en vida. Es decir: que se refleja en las actitudes, comportamientos, acciones y opciones. La gracia contenida en los Sacramentos de Pascua es una enorme fuente de fuerza para la renovación de la vida personal y familiar, así como para las relaciones sociales. Sin embargo, todo pasa por el corazón del hombre: si me dejo alcanzar por la gracia de Cristo resucitado, si dejo que el cambio gracia para bien todo lo que no es bueno en mí, [para cambiar lo que sea] podría hacer daño a mí y para los demás, entonces dejo que la victoria de Cristo para afirmarse en mi vida, para ampliar su acción beneficiosa. Este es el poder de la gracia! Sin la gracia no podemos hacer nada - sin la gracia no podemos hacer nada! Y con la gracia del Bautismo y la Santa Comunión, podemos llegar a ser un instrumento de la misericordia de Dios - que la misericordia hermoso de Dios. 

expresar en nuestra vida el sacramento que hemos recibido: he aquí, queridos hermanos y hermanas, nuestro trabajo diario - y, por lo diría, nuestra alegría todos los días! La alegría de ser instrumentos de la gracia de Cristo, como sarmientos de la vid que es Cristo mismo, inspirado por la presencia sustentadora de su Espíritu! Oramos juntos, en el nombre del Señor muerto y resucitado, y por la intercesión de María Santísima, que el misterio pascual podría trabajar profundamente en nosotros y en nuestro tiempo, con el fin de que el odio ceda al amor, se encuentra a la verdad , la venganza al perdón, la tristeza a la alegría.

Francisco pidió que la fe cristiana se refleje en el comportamiento


Francisco pidió que la fe cristiana se refleje en el comportamiento


Papa Francisco
El Papa Francisco pidió en el Regina Coeli, uno de los cuatro himnos a la Virgen en el catolicismo, ante decenas de miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro en el Vaticano, que la fe cristiana se refleje en el comportamiento de cada uno.

"Manifestar en la vida el sacramento que hemos recibido", exhortó el Papa desde la ventana del estudio del Vaticano ante una expectante masa de gente que le aplaudió en varios momentos de su corto mensaje leído en italiano, al término del cual les deseó buen provecho para el inminente almuerzo.

"Cristo ha vencido el mal de forma total y definitiva, pero a nosotros, los hombres de nuestro tiempo, nos espera acoger esta victoria en nuestra vida y en la realidad concreta de la historia y de la sociedad", dijo el flamante Papa, elegido al trono de San Pedro el pasado 13 de marzo.

El Papa jesuita recordó en este mensaje, que reemplaza desde el siglo XII al Ángelus durante la semana pascual hasta el domingo de la Trinidad, que los sacramentos y la fe cristiana deben traducirse en "comportamiento, gestos y elecciones" en la vida de cada día.

Y es que todo pasa por el corazón humano, recordó, porque si "cambio las cosas que no son buenas, que pueden hacer mal tanto a uno mismo como a los demás, permito la victoria de Cristo afirmarse en mi vida, prolongar su acción benéfica".

Ante los aplausos de los peregrinos, Francisco permaneció unos instantes dubitativo y saludando con la mano en la ventana del estudio del palacio apostólico, que domina la imponente plaza del corazón del catolicismo.

El Papa tenía previsto orar en la tarde de este lunes en la tumba de Pedro, del que es su 265º sucesor, en la necrópolis vaticana, acompañado del cardenal Angelo Comastri. La necrópolis de San Pedro alberga la tumba identificada como la del apóstol Pedro, sobre la que fueron construidas dos basílicas: la del emperador Constantino (274-337) hacia 322, y el templo actual, iniciado a principios del siglo XVI. En 1939, el papa Pío XII ordenó que se realizaran trabajos en esta tumba para responder al deseo de Pío XI de ser enterrado lo más cerca posible de San Pedro.

Habitualmente, los Papas suelen ir a la residencia estival de Castelgandolfo en la semana de Pascua, pero Francisco también ha introducido un cambio en esta costumbre, probablemente debido a la presencia en la misma de su predecesor Benedicto XVI, que renunció al báculo de Pedro por razones de salud, mientras se acondiciona el convento en el que se retirará definitivamente en el recinto del Vaticano.

A lo largo de esta Semana Santa, la primera que preside como jefe de la Iglesia católica, Francisco ha dado multitud de pistas que indican un cambio profundo de la milenaria institución, que en los últimos años se ha visto salpicada por los escándalos y la sangría de fieles.

En la bendición urbi et orbi del domingo fustigó los conflictos que salpican Oriente Medio, África y la escalada verbal que amenaza con el enfrentamiento en la Península de Corea, así como el tráfico de personas y drogas.

Francisco parece haber elegido el italiano como su lengua oficial para comunicarse en los actos oficiales, dando una imagen de sobriedad a sus intervenciones, en contra de lo que solían hacer sus predecesores que a menudo terminaban saludando en varios idiomas a los peregrinos.