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El padre Ignacio y su encuentro con el Papa

viernes, 1 de noviembre de 2013

El padre Ignacio subió las fotos de su encuentro con el Papa Francisco al Facebook de Natividad del Señor

 El sacerdote cumplió con el encuentro que se habían prometido con el Sumo Pontífice antes de que viajara al Vaticano. Las imágenes revelan la alegría que les causó la reunión.  
Papa Francisco se encontró con el cura párroco de Natividad del Señor, el padre Ignacio Periés.

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El padre Ignacio Peries, quien predica en la parroquia Natividad del Señor, de barrio Rucci, se reunió con el Papa Francisco en el Vaticano. Si bien no dio precisiones sobre el encuentro, subió las fotografías a la página oficial de Facebook de la iglesia.
De este modo, se cumplió el encuentro que se habían prometido con el Pontífice cuando todavía era arzobispo de Buenos Aires. En aquella ocasión, ante un problema de Ignacio, habían quedado en encontrarse más adelante. Después, sobrevino la elección de Jorge Bergoglio como Papa.
"Estuve hablando con él en enero y yo tenía un problema. El me dijo: 'Ignacio, no te apurés, a mediados de marzo nos encontramos y hablamos, ahí tenés la respuesta para vos'. Eso a mí me impactó muchísimo porque a mitad de marzo estaba en la iglesia como Santo Padre", relató Ignacio.

Más allá de la anécdota que le tocó vivir, Ignacio destacó la esperanza que representa para la Iglesia el Papa Francisco y vaticinó que ese sentimiento de euforia se va a prolongar durante un largo tiempo, ya que Francisco representa lo que está en el corazón de los creyentes.
"Me dio la esperanza porque está en la cabeza de la Iglesia, justamente para superar el orgullo, la vanidad y el poder que paraliza muchas cosas. Por eso es tan importante para nosotros su presencia", aseguró en aquella ocasión el cura párroco de Natividad del Señor.
Asimismo, señaló: "Es tan importante su presencia para todos nosotros porque veo un renacimiento, no solamente para la iglesia sino en la calle porque gente que nunca va a la iglesia festeja y está feliz por esto".
"Yo creo que la iglesia está pasando por un momento bastante crítico por todo lo que está ocurriendo con los sacerdotes, por eso yo creo que renació todo y es la esperanza a todos", aseguró Ignacio y, para dar fe de su devoción por Francisco, se encontró con él en el Vaticano.

Una gota de paz y esperanza.

domingo, 31 de marzo de 2013

Ignacio dijo que Francisco "es un orgullo para los argentinos".

sábado, 30 de marzo de 2013


"Francisco es uno de nosotros, que compartió el mate, el asadito, recemos por él"

En la segunda estación, Ignacio dijo que Francisco "es un orgullo para los argentinos".

1 de 6

La 34º edición del Vía Crucis que encabezó el padre Ignacio Peries en las calles de barrio Rucci arrancó puntual a las 20.30. La noche cálida entregó un marco ideal para los 5 kilómetros de caminata que realizaron los fieles en aproximadamente tres horas y media.
 
Las cuadras que rodean a la parroquia Natividad del Señor se encontraban repletas de gente y se estipula que tendrá este año una participación récord, superior a la del año pasado.
 
Cuando el padre Ignacio terminó con el oficio del Viernes Santo en una parroquia que desbordaba de fieles, la gente comenzó a movilizarse hacia uno de los puentes peatonales sobre la avenida Circunvalación para alinearse detrás de la primera cruz que fue la que salió más temprano. A las 18.30 los colaboradores de Ignacio entregaron cruces de madera y Rosarios a las personas que llegaron para caminar en el multitudinario Vía Crucis y esperaran hasta el final del recorrido para la bendición del popular sacerdote.
 
Minutos antes de las 20.30, Ignacio agradeció a los colaboradores, a todas las personas que hicieron posible la organización del multitudinario encuentro del que no solo participan rosarinos, sino también personas que llegaron de otras localidades de Santa Fe, de Córdoba, de Entre Ríos, de Buenos Aires e incluso desde Italia.
 
Ignacio dijo que "es oportunidad de aprovechar con la oración mover el corazón de Dios para pedirle y agredecerle, que nos perdone, que nos ayude a llevar nuestra cruz de cada día". 
 
Enseguida comenzó la peregrinación hacia la primera estación, en la que Jesús es condenado a muerte.
 
Rezar por el Papa. En la segunda estación, cuando Jesús carga la cruz, Ignacio dedicó sus palabras a Francisco, el Papa argentino. "Vamos a pedir por un hombre sencillo que hoy representa a Jesús en la tierra, al cardenal Bergoglio que hoy conocemos como Papa Francisco, que es nuestro".
 
Ignacio recordó una de las primeras palabras de Francisco apenas fue elegido como Sumo Pontífice. "En un hermoso gesto dijo bendíganme, apóyenme. Francisco es uno de nosotros, uno que compartió el mate, el asadito, todo lo de los argentinos, es nuestra sangre. El pidió que nosotros lo acompañemos para llevar las huellas de Jesús al mundo. No será fácil porque tendrá una gran misión sobre sus hombros, tendrá que luchar para encontrar respuestas para nosotros".
 
"Francisco pidió recen por mi, hoy tenemos obligación de elevar nuestra oración por él. Recemos por este pobre hombre que representa a Jesús en el mundo, que orgullo para los argentinos, uno de nosotros representa a Jesús en la tierra".
 
En la tercera estación, cuando Jesús cae por primera vez, las oraciones fueron pronunciadas en italiano. En la siguiente ocurre el encuentro de Jesús con su madre María.
 
Para la quinta parada, cuando Simón de Cirinieo ayuda a Jesús a cargar la cruz, Ignacio pidió comprensión. “Aunque somos grandes pecadores a veces, le pedimos a Dios que nunca nos abandone, que siempre nos acompañe”.
 
La palabra fue para las mujeres en la sexta estación cuando Verónica le seca el rostro a Jesús.
 
En la séptima y en referencia a la segunda caída de Jesús, Ignacio reflexionó: "Que dura es la vida a veces, nos hace caer, nos hace sentir el peso. Muchas veces nos preguntamos por qué Jesús nos da este peso, con problemas de salud, de paz, de amor. Como cuando los niños aprenden a caminar, Dios nos empuja para que podamos volar hacia la libertad, para que nosotros aprendamos a caminar solos". La oración fue en inglés y el padre lo dedicó a su familia y amigos.
 
Ser flexibles y vivir el presente. Octava estación, Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén. En la siguiente estación cuando Jesús cae por tercera vez, Ignacio comparó lo que ocurre con los árboles en las tormentas con los hombres. "Uno a veces dice estoy fuerte, tengo el corazón fuerte. Más allá de la fuerza, uno tiene que mantener el equilibrio". 
 
"Muchas veces no encontramos corriendo atrás de mi vida, y pregunto: ¿Cómo sabes que tu felicidad está adelante tuyo?. Hijo lo que debe hacer es tranquilizar, no correr atrás de la vida, vivir el presente, aprender a estar quieto, tranquilo, es cuando más vamos a disfrutar la vida", dijo.
 
"A veces nos pasa que estamos sentados en un hormiguero, nos pica todo, y corremos. Pedimos a Jesús tener paciencia, ser flexibles", siguió.
 
"Muchas veces en las tormentas creemos que los árboles más fuertes van a resistir mejor y muchas veces no es así, los árboles más flexibles sobreviven, primero quedan como tristes peroy cuando pasa la tormenta vuelven a recuperar la alegría. Así es el misterio de la vida", resumió.
 
Gracias por la vida. En la décima, Jesús es despojado de sus vestiduras para luego, en la siguiente ser clavado en la cruz. "Es un hombre inocente que entrega su vida, a pesar de eso dice 'Padre perdónales, no saben lo que hacen'".
 
"Esta noche estamos levantando la cruz de aquel hombre que murió por nosotros, para sacar el odio, la bronca. Es momento de mirar la cruz y pedir a Dios que nos quite el veneno que tenemos adentro y nos lleva a pelear, discutir, algunos a delinquir, tenemos que pedir que nos saque la maldad que tenemos adentro, y nos de la gracia de vivir en paz".
 
En la duodécima estación en la que Jesús muere en la cruz, llegó la gracia. "En esta estación decimos gracias por ser como somos, gracias por la vida, por todo lo que tenemos. Pedimos que Dios nos de la gracia de llevar la cruz de cada día".
 
“Hay que morir para vivir. ¿De qué tiene que morir? Nuestro egoísmo nos encierra, si nosotros abrimos, quitamos el egoísmo, y creo que muchas cosas pueden cambiar en nuestra vida. A veces morimos sin vivir la vida, encerrados en nuestro egoísmo”, dijo.
 
En la estación décimotercera, Jesús es descendido de la cruz y puesto en brazos de María, su madre. En la decimocuarta y final, Jesús es sepultado. "Vamos a terminar, a decir gracias", dijo Ignacio en el último tramo. 
 
Recen por mi. Ya en la bendición final, Ignacio pidió "por todos los que están en casa, en los sanatorios, afuera del país, los enfermos y los que están lejos, por nuestras familias", cerró Ignacio y rezó un nuevo Padre nuestro, Ave María y Gloria.
 
Rezó por los padres que dan vida. “Por todo lo que han dado nuestros viejos a nosotros”. Pidió por trabajo, salud, paz, amor y por viviendas, “para vivir dignamente”.
Instó a rezar por el Papa y también por él. “Recen por mi también, mucha gente habla cualquier cosa de mi para decir que sabe, y no es verdad. Mi misión sacerdotal, el amor que tengo seguirá con ustedes. Mientras Dios me de la vida, yo voy a estar con ustedes”.
 
Sus últimas palabras fueron de agradecimiento. "Gracias por estar siempre desde todos los lugares. A veces me canso, de verdad, a veces digo que misión dura me tocó a mi para vivir y compartir con ustedes, pero noches como hoy me hacen sentir que vale la pena", dijo emocionado.
 
"Gracias por la fe, por la bondad de Dios, gracias por estar siempre, de verdad mientras Dios me de fuerzas, voy a estar. Les amo. Dios les bendiga, hasta siempre".
 
Seguridad. Un importante despliegue de policías, personal sanitario, agentes de la Guardia Urbana Municipal (GUM), de Tránsito y hasta personal del programa Rosario Más Limpia, se armó en barrio Rucci. Son 21 médicos, 5 ambulancias completas, una carpa sanitaria, un camión sanitario frente al escenario, seis camionetas de audio, además los ex combatientes reparten mate cocido.
 
Furor. También existe un aluvión de vendedores ambulantes que ofrecen desde empanadas de vigilia, gaseosas y  chipás, hasta velas, estampas de distintas devociones de la Virgen, llaveros y múltiples diseños de Rosarios. Por primera vez se vendieron llaveros, medallas, pósters y fotos del Papa Francisco, además de banderas argentinas y papales (amarillas y blancas).

“Sacar el odio y vivir sin egoísmos ni maldad”.


“A veces me canso, pero en noches así siento que todo vale la pena”

Lo aseguró ayer el padre Ignacio Peries al cierre de la 34ª edición del  tradicional Vía Crucis en barrio Rucci, en el que pidió “sacar el odio y vivir sin egoísmos ni maldad”.

Los fieles colman la avenida de los Granaderos, a metros del acceso a la autopista a Santa Fe. Allí el padre Ignacio dio la bendición final y pidió que rezaran por él.

El cruce de calle Baigorria y Camino de los Granaderos estuvo cortado al tránsito desde muy temprano. Cuando el padre Ignacio terminó con el oficio del Viernes Santo en una parroquia que desbordaba de fieles, la gente comenzó a movilizarse hacia uno de los puentes peatonales, sobre la avenida Circunvalación, para alinearse detrás de la primera cruz.
Un importante despliegue de 190 policías más 95 efectivos de la escuela de policías, se encargó de llevar seguridad al predio. En el barrio también se desplegó personal sanitario, agentes de la GUM y de Tránsito.
Obviamente, tampoco faltaron los vendedores ambulantes y las fotos del Papa Francisco. Por las calles del Rucci dejaron más que en evidencia su fe jóvenes y familias con chicos pequeños.
En Discépolo 2529, Soledad Brouer montó su propio altarcito en la puerta de su casa. Allí se sentó y rezó emocionada mientras se lamentaba por no poder hacer el Vía Crucis porque estaba recién operada.
Otros vecinos, como Diego y Carina Mendoza, no veían la hora de que la procesión llegara hasta las puertas de su casa, sitio elegido para la octava estación del Vía Crucis. Allí también había un altar donde los fieles dejaban papelitos con sus intenciones.
En Discépolo 2498, la familia Scándolo también acondicionó un altar ya que su casa fue elegida para montar la novena estación.
Entre la multitud se encontraba Débora, una mujer que vive en Pisa (Italia) y desde hace dos años viene a Rosario a participar del Vía Crucis del padre Ignacio. Anoche caminaba por las angostas calles de barrio Rucci junto a sus tres hijos. Emocionada, contó que el del medio se llama Ignacio en homenaje al sacerdote. "Nació con dos soplos en el corazón. Entonces vino mi mamá con su foto para pedirle al padre Ignacio la bendición. Y mi hijo se sanó, acá lo ves", dijo mientras remarcaba que sólo viene cada año de Italia a agradecer.
María, en tanto, una ecuatoriana de 25 años se mostró conmovida. Vino a conocer Argentina hace cinco meses y puso un puesto de artesanías donde vende quenas, pulseras y hebillas. Anoche estaba maravillada. Lucía una larga trenza y un atuendo propio de su país. "Es conmovedor ver a tanta gente rezando", indicó.
En una de las estaciones Ignacio tampoco se privó de hablar en inglés, "para que me entiendan amigos y la gente que me sigue desde mi lejano país", dijo en alusión a Sri Lanka. Sobre el filo de la medianoche llegó la bendición final. "Recen por mí", pidió el sacerdote.

Furor por el Papa Francisco entre los asistentes al Vía Crucis de barrio Rucci

viernes, 29 de marzo de 2013

Furor por el Papa Francisco entre los asistentes al Vía Crucis de barrio Rucci

Por primera vez se vendieron en Rosario, imágenes, llaveros y estampitas del Papa argentino.  
El padre Ignacio había anticipado que más gente se acercaría este año al Vía Crucis de Natividad del Señor, y así fue. Miles de personas rezaron por el Papa Francisco, mostraron su alegría por la elección del Papa argentino y expresaron la esperanza de cambio.
Además aparecieron por primera vez vendedores ofreciendo todo tipo de imágenes de Francisco, algo que todavía no se había visto en Rosario. Se vendieron llaveros, medallas, pósters y fotos del Papa Francisco, además de banderas argentinas y papales (amarillas y blancas).
 En la segunda estación, cuando Jesús carga la cruz, Ignacio dedicó sus palabras a Francisco, el Papa argentino. "Vamos a pedir por un hombre sencillo que hoy representa a Jesús en la tierra, al cardenal Bergoglio que hoy conocemos como Papa Francisco, que es nuestro".
Ignacio recordó una de las primeras palabras de Francisco apenas fue elegido como Sumo Pontífice. "En un hermoso gesto dijo bendíganme, apóyenme. Francisco es uno de nosotros, uno que compartió el mate, el asadito, todo lo de los argentinos, es nuestra sangre. El pidió que nosotros lo acompañemos para llevar las huellas de Jesús al mundo. No será fácil porque tendrá una gran misión sobre sus hombros, tendrá que luchar para encontrar respuestas para nosotros".
"Francisco pidió recen por mi, hoy tenemos obligación de elevar nuestra oración por él. Recemos por este pobre hombre que representa a Jesús en el mundo, que orgullo para los argentinos, uno de nosotros representa a Jesús en la tierra".



Padre Ignacio Peries

jueves, 28 de marzo de 2013

El padre Ignacio Peries convocó a miles de fieles en Buenos Aires


El padre Ignacio Peries convocó a miles de fieles en Buenos Aires

El párroco de Natividad del Señor reunió una multitud en el partido bonaerense de San Martín. Miles de fieles acudieron a la capilla del Colegio Agustiniano donde presidió una misa de sanación. 


Ignacio Peries impone las manos a una mujer en San Martín.
El padre Ignacio Peries, párroco de la iglesia Natividad del Señor del barrio Rucci de nuestra ciudad, reunió ayer una multitud en el partido bonaerense de San Martín. Miles de fieles acudieron a la capilla del Colegio Agustiniano donde presidió una misa de sanación interior. Otra escala en la gira fuera de Rosario del sacerdote al que se le atribuye un especial don intercesor ante Dios, que confirma su enorme convocatoria.

Miles de personas llegaron hasta allí con sus peticiones de salud y colmaron la capilla del Colegio Agustiniano, de la localidad de San Andrés, donde el sacerdote presidió una misa de sanación interior. Esta, como sus anteriores giras por San Miguel y Paraná, confirmaron su enorme poder de convocatoria.

El padre Peries vive hace 20 años en Rosario y desde una parroquia del noroeste de la ciudad recibe a cientos de creyentes que llegan hasta ahí en busca contención y refugio espiritual. Ahora acaba de sumar una serie de multitudinarias celebraciones fuera de Rosario.

Primero fueron dos misas que celebró en la catedral de San Miguel, en el Gran Buenos Aires, donde 1397059140pese a que casi no tuvieron difusión previa1397059140 una avalancha de gente concurrió y esperó horas para que el padre Ignacio, al final, les impusiera sus manos. Días después, estuvo 1397059140esta vez con más promoción1397059140 en una iglesia de Paraná, ocasión en la que congregó una muchedumbre aún mayor, parte de la cual pasó la fría noche anterior frente al templo, bajo la lluvia, para asegurarse el ingreso y recibir su bendición personal.

“Yo sé que tengo un don especial de Dios que no puedo explicar”


“Yo sé que tengo un don especial de Dios que no puedo explicar”

Entrevista exclusiva con el Padre Ignacio, el carismático sacerdote que congrega multitudes en Rosario. Admite que “hay cosas” que puede percibir al dialogar con la gente. Asegura que descubrió esa cualidad cuando tenía entre 12 y 14 años y que le gustaría vivir en Paraná.

El padre Ignacio, distendido y sonriente. Así se mostró a lo largo de las dos horas en las que dialogó con La Capital. (foto: La Capital)EL PADRE IGNACIO, DISTENDIDO Y SONRIENTE. ASÍ SE MOSTRÓ A LO LARGO DE LAS DOS HORAS EN LAS QUE DIALOGÓ CON LA CAPITAL. (FOTO: LA CAPITAL)
María Laura Favarel Especial para UNO Medios

Es de noche, el padre Ignacio llega acompañado por Guillermo, su colaborador más próximo, quien abre las puertas de un pequeño comedor junto a la parroquia Natividad del Señor, en el corazón del barrio Rucci. Saluda a todos los que cruza en su camino, entra a la iglesia y a paso rápido se dirige al encuentro de UNO Medios (la entrevista fue con periodistas del diario rosarino La Capital) para conceder por primera vez a este medio una entrevista en exclusiva en la que no eludirá ningún tema.

“Sé que tengo un don especial de Dios que no puedo explicar”, admite consciente de que ese “don” es el que congrega a miles de personas cada día que aguardan horas para esperar su bendición. “Hay cosas que puedo percibir... puedo darme cuenta si se trata de un dolor físico, psíquico o espiritual”, señala.

Abierto, sencillo, franco. El padre Ignacio Peries logra que quienes están con él se sientan cómodos y el diálogo fluya ameno. Y aunque su fama crece cada vez más, no se siente el centro de nada, ni lo quiere ser. Remarca que es “un instrumento” para ayudar a los demás y reniega del rótulo de “cura sanador”. “Yo nunca curé a nadie, quien sana es Dios y la fuerza de la fe del enfermo”, sostiene.

—¿Pero usted tiene un don especial?
—Sí, sé que Dios me dio una gracia, pero no puedo explicar en qué consiste. Va más allá de mis conocimientos. Soy un instrumento, yo nunca sané a nadie. El que cura es Dios. Yo invoco la gracia y luego la fe de la persona interviene. Es como dijo Jesús: “Tu fe te salva”. Yo nunca dije que soy sanador, nunca. Sé que digo cosas a la gente o que toco el lugar donde hay un problema, y hay muchos testimonios de sanación y de gente que viene a agradecer, pero la sanación la hace Dios y depende en gran medida de la fe de esa persona.

—¿Ve algo cuando una persona se acerca a recibir su bendición?
—Hay cosas que puedo percibir, pero también muchos me dicen lo que necesitan: si están enfermos de cáncer, si buscan trabajo o si quieren un bebé. Yo puedo darme cuenta si se trata de un dolor físico, psíquico o espiritual. Después actúa Dios. Mi vocación es despertar la fe para que a través de ella la persona encuentre la solución que necesita. No se trata de abrazar, consolar, emocionar o desmayar. No es un consuelo físico lo que puedo dar sino espiritual. Lo más importante es eso, lo demás (desmayos, lágrimas) es secundario.

—¿Qué pasa si quien se acerca no tiene fe o no es católico?
—La sanación depende mucho de la fe, pero cuando quien llega a mi viene con humildad y me dice “Padre, soy ateo, no creo, no pertenezco a la Iglesia”, yo sé que él también puede sanar, porque de alguna forma pide o cree que existe algo más allá de lo humano, que nosotros llamamos Dios, Dios Padre, Jesús. Respeto mucho a las otras religiones, porque si bien no son iguales que la Iglesia Católica Apostólica Romana, todas tienen su forma de buscar a Dios.

—¿Cómo se dio cuenta de que tenía un don?
—(Piensa) Me di cuenta... cuando tenía 12 o 14 años, pero no fui totalmente consciente.
Me pasaron varias cosas con los enfermos de mi pueblo. Cuando tenía 12 el párroco me invitó a visitar a los enfermos y cuando yo los tocaba me decían “padre, padre”. La primera vez fue con una viejita ciega que nos conocía de toda la vida, pero cuando yo la toqué me dijo “padre”. Le respondí: “No, no soy el padre”, pero ella me contestó: “Tu mano tiene calor sacerdotal”. Yo me asusté y no quise volver. Pero un año más tarde me pasó lo mismo con otro señor que estaba medio ciego. Otra vez, lo toqué y dijo “padre”. Esta vez el párroco estaba conmigo y le dije que el padre estaba allí, que yo sólo era un amigo. El viejito me dijo: “Tu mano tienen calor sacerdotal”. Entonces el cura fue muy bueno y me explicó que tal vez Dios tenía una vocación para mí y que podría ser el sacerdocio.

—¿Y en qué momento empezó a ejercer ese don?
—Yo tenía ciertos miedos. Cuando entré a la facultad (estudiaba Derecho) me fui a otra ciudad y volvía a mi casa en vacaciones. Una vez mi papá me pidió que ayudara a los chicos del pueblo en las materias escolares porque no podían pagar una maestra particular. No me gustó y me enojé. Y ahí fue cuando mi papá me miró y me dijo: “Dios te dio tanto... Aprende a compartir al menos así” (hace un gesto para indicar un poquito). No hablé más y lo hice. Cumplí porque me lo había pedido mi padre, le tenía mucho respeto. Cuando volví a la facultad un día recibí un sobre muy grande que tenía 40 cartas. Eran de los chicos que me agradecían lo que les había enseñado. Todos habían aprobado Matemática y Lengua con buenas notas. Esa experiencia me cambió. Ahí me di cuenta que podía dar algo de mí para mejorar la vida del otro y ahí empezó mi proceso vocacional. Me fui a Inglaterra al seminario y desde el día en que me ordené sacerdote, en Gales, comenzó a desarrollarse más este don.

—¿Qué dolor es el que más ve en la gente?
—El ser humano sufre mentalmente, psíquicamente, emocionalmente y también hay muchos problemas familiares que producen dolor.

—¿Todos estamos enfermos?
—En cierta medida sí, porque sufrimos por algo, un cáncer, la falta de trabajo, un hijo con algún problema...

—Después de ver tanto dolor, ¿no termina afectado?
—No, creo que Dios me dio la gracia de sentir el amor del otro, también por cosas que pasé en la vida. A veces me duele ver tanta gente que sufre, que busca la última esperanza de vida, pero no me afecta mi estado físico ni psíquico; al contrario, me produce una gran alegría poder ayudar a la gente, a la que atiendo con todo amor.

—¿Se siente especial por tener ese don?
—No, yo soy uno más, como los demás. Cada uno tiene sus dones y a mí Dios me eligió para esto, no fui yo quien lo decidió. Estoy agradecido pero también sé que tengo una gran responsabilidad y me preocupa la expectativa que tiene la gente. Siempre aprendí a caminar en la tierra, no a volar en el cielo. Hay que tener en claro que no soy un ángel, ni un dios, ni un extraterrestre, soy un ser humano más. Hay gente que habla de dones y los explica, pero yo personalmente no sé cómo hacerlo, habría que entender la cabeza de Dios.

Le gustaría vivir en Paraná

Ignacio Peries llegó a Rosario en 1979, en plena dictadura militar.

Nació el 11 de octubre de 1950 en Sri Lanka (ex Ceylán) y tiene ocho hermanos. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1979 en Gran Bretaña, en la congregación Cruzada del Espíritu Santo, de la cual hace 12 años que es su superior.

Antes de llegar a Rosario estuvo en tres meses en Tancacha, provincia de Córdoba.

Vivió los años de dictadura sin grandes sobresaltos pero lo que se acuerda es que en ese momento usaba barba y por eso los militares lo detuvieron varias veces. Además, todavía no tenía documentos. En una oportunidad, recuerda ya con una sonrisa, un vecino que era militar lo fue a rescatar.

Sus primeros recuerdos de Rosario no son muy agradables. “Cuando llegué acá (por el barrio Rucci) todo era un gran basural. La parroquia un pequeño galpón sin ventanas donde no venían más que cuatro o cinco personas”, relata y confiesa que en ese momento tuvo ganas de volverse. Pero el entonces obispo de Rosario, monseñor Guillermo Bolatti, le pidió que se quedara, y así lo hizo.

“Venían enfermos, no sé por qué —acota— pero llegaban y me pedían la bendición”, cuenta el cura que pocos años más tarde pasó a recibir a cientos de miles de fieles.

Se quedó en Rosario por el aliento de Bolatti, luego por el arzobispo Jorge Manuel López y sobre todo por monseñor Eduardo Mirás, de quien habla como “un amigo, un padre, un compañero incondicional. Tengo mucho que agradecerle porque me ayudó, me corrigió, me orientó y gracias a él estoy en Rosario”, confiesa y recuerda que Mirás fue el que pidió con todas las fuerzas que Peries se quedara en esta ciudad cuando el superior de la orden, que estaba entonces en Venezuela, quiso que Ignacio se fuera a ese país.

Respecto al actual arzobispo de Rosario, monseñor José Luis Mollaghan, dijo que no tiene “ningún problema” pero reconoce que aún no trabajó tanto como lo hizo con el anterior prelado. Ante la pregunta por el futuro, si le gustaría quedarse o no en Rosario, Ignacio es franco: “La misma misión la puedo hacer aquí o en cualquier lugar del mundo, para mí es lo mismo”, y destaca que una ciudad a la que le gustaría ir es a Paraná. “A otro sacerdote que le debo muchísimo es a Mario Maulión”, obispo emérito de Paraná que ahora vive en la parroquia Natividad del Señor y sigue siendo un consejero de Ignacio.

Hoy recibirá a 300.000 personas

Este año el tradicional Vía Crucis que el padre Ignacio preside cada Viernes Santo va a ser especial, al menos así lo expresó él mismo. “Es el Vía Crucis número 33 que hacemos en forma ininterrumpida, y Cristo tenía 33 años cuando murió...”, reflexionó. La cita es para las 17, para quienes quieran participar de la celebración propia del Viernes Santo, y a las 20.30 comenzará el Vía Crucis desde las puertas de la parroquia Natividad del Señor. El acto terminará a las 23 con la bendición final y las palabras de Peries.

Este año el tradicional Vía Crucis tendrá un lema especial enmarcado en el Año de la Fe que proclamó el papa Benedicto XVI para el 2012. “Para este año quisiera que miremos un poco más hacia nuestro interior, que reconozcamos nuestros defectos, pidamos perdón en el Vía Crucis y que también descubramos nuestras virtudes para poder ejercitarlas en beneficio de los demás”, expresó el padre Ignacio. En este marco, el sacerdote señaló que “todos buscamos la felicidad, que no está en lo material, ni en un bolsillo ni en el éxito, sino dentro del corazón”. Además agregó que invita a “despertar la fe”.

“Todos podemos tener defectos y virtudes. Empecemos a ver las virtudes y a despertarlas para formar una sociedad digna y feliz, y eso depende de cada uno. Problemas hay y Dios nunca deja una cruz sin la gracia para llevarla”. Asimismo, Ignacio aconsejó resolver los problemas aferrados a la gracia de Dios y confiados en que El dará las fuerzas. En este marco, animó a los que asistan a recuperar los valores morales y espirituales. Por último, expresó su deseo de que “todos encuentren la paz que falta en la familia, en la sociedad y en el interior de cada uno. Quisiera que los que vengan aprovecharan el Vía Crucis como un momento para pedir perdón a Dios y pedir la gracia para llevar la cruz sin perder la felicidad de nuestra vida”, indicó.

Respuestas al aborto, divorcio y la educación sexual

El padre Ignacio Peries no evade los temas controvertidos y responde con claridad ante el aborto, el divorcio exprés y la educación sexual. Lo hace como sacerdote y desde el lugar de quien escucha a diario muchos relatos dolorosos de mujeres que abortaron, maridos separados y jóvenes con problemáticas sexuales.

Aclara que la Iglesia no condena a nadie. “Ni el aborto ni la homosexualidad ni el divorcio son cosas nuevas, son de siempre”, acota antes de responder puntualmente a cada tema. Destaca que hoy “la sexualidad perdió el pudor. Todo problema sexual está sobreexpuesto por los medios de comunicación.

Hoy un menor abusado sale en todos los diarios, pero ¿a quién se hace daño? Se margina más a una criatura y se la condena para toda la vida. Hay mucho que fortalecer desde la familia antes que llegar al aborto, la violencia sexual o los problemas de homosexualidad”, sostiene.

“Es muy importante cómo se orienta a los niños”, dice y critica la educación sexual que llega desde el gobierno para las escuelas, porque “contamina a los niños. Darle un preservativo a un chico de 7 o 10 años es quitarle la inocencia, y esto tiene consecuencia, porque una vez que se daña a una persona es difícil de curar”. Para el sacerdote, “la homosexualidad es un problema psicológico”. Sobre el aborto, en tanto, es taxativo: “La Iglesia tiene que decir que el aborto está mal, pero no condena a las mujeres que abortaron”.
 
En la parroquia acuden a él muchas mujeres que han abortado. “Llegan con un vacío muy grande y mucho sufrimiento. Ese dolor profundo surge cuando recapacitan y reconocen lo que hicieron. Yo no las condeno. Jesús no vino a condenar sino a dar la vida, y la enseñanza de la Iglesia es intentar que las mujeres no lleguen a la instancia del aborto”, sostiene. “Hay que pensar que una mujer que se somete a un aborto no está totalmente consciente, al menos eso me muestra mi experiencia. A veces lo hacen por vergüenza, por impotencia o por venganza o rechazo al novio o marido. A veces la presión social es muy fuerte y hay que contemplar la realidad de cada mujer”, subraya el carismático sacerdote.

Divorcio exprés

Ante las modificaciones al Código Civil que permitirán divorciarse antes de los tres años que estipula la legislación, el sacerdote es tajante. “Los valores de la familia nunca van a morir”, remarca. Ignacio considera que los políticos tienen que dar soluciones a problemas sociales, pero explica que él se rige por los 10 mandamientos y que debe dar una respuesta espiritual. “La Iglesia dice que el matrimonio empieza desde el momento en que dos personas dicen “sí” para siempre, un momento inolvidable, que no se puede borrar, aunque luego se separen”, subraya. En este sentido, destaca que “más allá de la ley civil y del divorcio, hay que seguir cuidando de los hijos y respetando a la mujer que fue la esposa”. Y abunda: “El Evangelio proclama la civilización del amor, respetar a las mujeres, no usarlas, y nosotros nos ocupamos de la conciencia de la gente”.
 
Acota que la Iglesia también contempla los casos en los que es conveniente la separación de los esposos, pero “no por eso se pierden las responsabilidades”, reflexiona.

El entredicho con dirigentes de Vox

Enterados de las declaraciones del padre Ignacio, desde la asociación civil Vox expresaron su más “profundo dolor y sorpresa” por los dichos del padre Ignacio Peries, en especial cuando define a la a la homosexualidad como un “problema psicológico”. Y en respuesta a esas palabras, Ignacio los convocó a dialogar. Lo cierto es que el presidente de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans, Esteban Paulón, recordó que hace ya 22 años la Organización Mundial de la Salud (OMS) la eliminó de su listado de enfermedades. Las palabras del religioso son entonces refutadas por las organizaciones que defienden la igualdad de derechos y la plena libertad en la orientación sexual. Algo que, por otra parte, en la Argentina goza de reconocimiento social y legal.

Con ese sustento, desde la Federación y Vox expresaron estupor y rechazo a las palabras del sacerdote. “Que nos trate de enfermos y enfermas sólo se puede entender como efecto de la ignorancia”, afirmó el titular de Vox, Guillermo Lovagnini, quien sin embargo también definió a esas palabras como “peligrosas” porque “pueden terminar avalando acciones violentas”.

Además, recordó que a lo largo de sus 30 años de lucha por el respeto a las minorías sexuales “nunca” hubo siquiera un “cruce” con la Iglesia Católica, más allá de diferencias obvias de posición pero que siempre se mantuvieron en un marco de “mutuo respeto”. Por eso, así como Paulón sostuvo que “sería importante que el padre Ignacio se rectificara públicamente”, Lovagnini le tendió otro puente. “O que nos reciba, que nos invite al diálogo”, sugirió. Los militantes se mostraron mucho más preocupados que ofendidos, ya que evaluaron el impacto social que podrían generar las palabras proferidas por el popular sacerdote.

“Hay que ser muy cuidadoso con el discurso”, afirmó Paulón, convencido de que aunque al padre Ignacio “el matrimonio igualitario o las cosas que ve en la calle pueden gustarle más o menos, jamás podrá desentenderse de las consecuencias de lo que dice”. Tensando la cuerda, afirmó que concebir a la homosexualidad como un problema, una enfermedad o una aberración habilita a que “quien recientemente mató a Daniel Zamudio pudiera estar pensando que a golpes lo estaba liberando de algo”. De una condición que tanto el que discrimina como el que golpea “sencillamente no puede soportar”. Paulón aludió, de ese modo, al joven chileno que fue salvajemente atacado por neonazis.

Lovagnini y Paulón recordaron que la homosexualidad fue excluida de los manuales médicos como enfermedad psíquica por la prestigiosa Asociación Psicológica Americana ya en 1975.
En el país, incluso a nivel legal, en julio el Congreso aprobó el matrimonio igualitario, una ley “histórica, votada por los representantes que el propio pueblo eligió” y que demuestra que “la diversidad sexual existe, es válida y en la Argentina tiene protección y garantías”.

Cómo es un día en la vida del cura

“Quiero ser uno más”, repite Ignacio Peries y para remarcarlo cuenta que cada día se levanta, desayuna, limpia, lee y reza. Dedica varias jornadas al colegio Natividad del Señor o a los chicos del seminario, y por las tardes se ocupa de lleno a los enfermos.
 
Con sencillez, dice que su mejor manera de descansar es dormir, aunque solo sean cuatro o seis horas por día.

Aunque describa su rutina de manera tan simple, quien haya acudido alguna vez a su parroquia habrá podido comprobar la ferviente actividad que lo absorbe. Sobre todo las largas horas que pasa prodigando bendiciones. Sin embargo, admite que no se cansa. Lo considera parte de su don. “El amor a los enfermos me da fuerzas y cuando me abrazan y me piden ‘dame al menos dos años para vivir’, me dan más energía para ayudarlos”, se sincera.

Aunque las multitudes lo aclaman y la gente dice que busca al padre Ignacio, el cura es tajante: “La gente busca a Dios. Vienen en busca de algo más allá de Ignacio. Yo solo soy un instrumento”, remarca. Y mientras el mundo muere por un minuto de fama, este sacerdote dice que a él no le interesa. “No busco fama ni poder, solo quiero transmitir fe y esperanza. Quiero dar un poquito de mi vida para mejorar la de los demás. No me creo nada. Si Dios me dio un don, lo tengo que compartir”.

Respecto a la crítica que se le hace a los colaboradores que impiden que la gente se le acerque, él dice que nunca deja de atender a nadie, pero reconoce que muchas veces la gente se queja porque tiene que esperar. Destaca que los enfermos no tienen impaciencia y que en 33 años “nadie pasó antes por más que me ofrecieron plata”, y subraya: “Aquí tratamos a todos por igual” y aunque llegue la mismísima presidenta Cristina Fernández, Ignacio asegura que también tendría que esperar.

Cuenta con una sonrisa que hubo quienes le ofrecieron aviones, dinero, pero él remarca: “En 33 años jamás acepté nada”. El fenómeno comercial que se generó en torno a Ignacio no se puede negar. Sin embargo, el padre se pone serio y dice: “Nosotros no lo podemos controlar. Les pedimos que no lo hagan, pero vienen llorando y nos dicen que con eso están comiendo. No tenemos nada que ver”, dice resignado. Pero enseguida se repone y ríe pensando en voz alta.
 
“La verdad es que la mayoría de la gente del barrio me aguanta. El día que no bendiga más, ya no habrá más problemas”, concluye.