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Cristina y la "franciscomanía"

martes, 2 de abril de 2013

Por Andrés Oppenheimer | LA NACION

Varias semanas después de la elección del papa Francisco, no hay duda de que la euforia causada por su designación ha despertado un fervor religioso aquí en Buenos Aires. Sin embargo, hay un creciente debate sobre si este fenómeno ayudará o perjudicará al gobierno populista de Cristina Kirchner.
Francisco se ha convertido en la figura más querida de la historia política reciente de la Argentina. A diferencia de Eva Perón, quien era amada por muchos, pero también despreciada por otros tantos, es difícil encontrar a un argentino que no esté feliz con la elección del papa, que goza de un porcentaje de aprobación de más del 90%.
En las escalinatas de la Catedral de Buenos Aires han florecido vendedores que ofrecen camisetas, llaveros y calendarios con la imagen del papa Francisco. El padre Adolfo Granillo Ocampo, de la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, me dijo que la asistencia a su iglesia ha subido un 30% desde la elección papal. "Hay una euforia generalizada en torno del Papa", dice.
Pero en lo que hace al posible impacto político de la "franciscomanía", las opiniones están más divididas.
Hay tres grandes corrientes de opinión.
Un primer grupo de analistas políticos piensa que el "efecto Francisco" ayudará a la Presidenta a ganar las elecciones legislativas de octubre y a cambiar la Constitución luego para poder ser reelegida nuevamente. Según esta corriente de opinión, la elección del papa ha mejorado el humor popular, y eso ayudará a compensar el malestar social por la creciente inflación, los altos porcentajes de criminalidad y los temores de una nueva crisis económica.
Cristina Kirchner, que tenía una mala relación con Jorge Mario Bergoglio cuando éste era el arzobispo de Buenos Aires, ha dado un giro de 180 grados para sumarse públicamente a la alegría producida por la designación de un papa argentino. Las fotos sonrientes de Cristina con el Papa durante su asunción en el Vaticano beneficiarán a la Presidenta, y muy pocos recordarán los tiempos en que las relaciones entre ambos eran tensas, según este grupo de opinión.
Un segundo grupo de analistas políticos cree que el "efecto Francisco" no beneficiará ni perjudicará a la Presidenta. "Este papa cambiará el mundo, pero no podrá cambiar la Argentina", me dijo Rosendo Fraga, bromeando sólo a medias.
Fraga señaló que desde la elección papal Cristina Kirchner no ha reducido para nada sus ataques contra los medios de prensa independientes ni contra sus rivales políticos, pese a los históricos llamados del nuevo papa al diálogo y a la tolerancia política.
Por el contrario, el Gobierno ha tomado medidas más duras, como prohibir a los supermercados hacer publicidad en los diarios, señaló Fraga. Esta medida estrangulará financieramente a los periódicos críticos del Gobierno, pero no afectará a los diarios oficialistas, que viven de la publicidad oficial.
Un tercer grupo cree que el "efecto Francisco" perjudicará al Gobierno, porque los mensajes del Papa contra el autoritarismo, la intolerancia y la soberbia serán leídos por la mayoría de los argentinos como críticas indirectas a Cristina Kirchner. "Un choque es inevitable, y el choque perjudicará a Cristina", me dijo el encuestador Jaime Durán Barba.
Mi opinión: pese al giro de último minuto de Cristina Kirchner para sumarse a la "franciscomanía", el hecho de que el papa se haya convertido en el principal referente moral de este país le hará más difícil a la Presidenta perpetuarse en el poder.
Es cierto que Francisco probablemente no hará declaraciones sobre la política argentina. Y se espera que haga su primera visita a Argentina como papa en diciembre, después de las elecciones legislativas de octubre, de manera de no interferir con la política local. Pero en las homilías que pronunciará durante su visita a Brasil, en julio, sus habituales críticas a las conductas autocráticas, la arrogancia política y la soberbia inevitablemente serán vistas por muchos aquí como alusiones indirectas a la Presidenta.
Como mínimo, es probable que la "franciscomanía" actúe como un contrapeso a los aparentes intentos de Cristina Kirchner de torcer las reglas del buen comportamiento democrático -y de civilidad- para reelegirse a cualquier costo.
© LA NACION.

La primera Semana Santa de Francisco

Gestos fuertes. Homilías esenciales. Ritos simplificados. Una semana que ha revelado el estilo del nuevo Papa, pero que también ha levantado algunos interrogantes.
 
Desde ROMA. – La primera Semana Santa del Papa Francisco ha  revelado aún más su estilo: en la celebración, en la predicación y en la presencia.
La decisión de celebrar la misa “in coena Domini” del Jueves Santo entre los detenidos de la cárcel de menores de Casal del Marmo, lavando los pies a doce de ellos, entre los cuales una joven musulmana, es probable que haga escuela; por otra parte, se ha realizado en un terreno ya fértil, porque gestos de este tipo no son raros. El Viernes Santo, en Francia, y concretamente en Lyon, el cardenal Philippe Barbarin ha rezado con un grupo de gitanos expulsados de un campamento desmantelado por las autoridades. En Sao Paulo, Brasil, el cardenal Odilo Pedro Scherer ha llevado la pasión de Jesús en procesión por el tristemente célebre barrio de Cracolândia, de mala reputación.
Más bien queda sin respuesta el interrogante sobre dos actitudes en apariencia contrastantes que el Papa Jorge Mario Bergoglio ha tenido al principio de su pontificado.
En Casal del Marmo no ha temido ofrecer también a jóvenes no cristianos la celebración de la misa, “culmen et fons” de la vida de la Iglesia.
Mientras en la audiencia del 16 de marzo con los periodistas se ha abstenido de pronunciar las palabras y de hacer el gesto de la bendición porque “muchos de ustedes – ha dicho – no pertenecen a la Iglesia católica, otros no son creyentes”.
En la predicación, el Papa Francisco ha confirmado que se concentra en pocas palabras esenciales, una forma seguramente más eficaz desde el punto de vista comunicativo.
En la homilía del Domingo de Ramos, el pasaje clave ha sido aquel en el que ha descrito la entrada de Jesús en Jerusalén como la de un rey cuyo “trono regio es el madero de la cruz”.
En la brevísima homilía del Jueves Santo en Casal del Marmo se ha detenido en elsignificado del servicio del lavatorio de los pies.
En la homilía de la vigilia de Pascua, el pasaje culminante ha sido el siguiente: ”Acepta que Jesús Resucitado entre en tu vida, acógelo como amigo, con confianza: ¡Él es la vida! Si hasta ahora has estado lejos de Él, da un pequeño paso: te acogerá con los brazos abiertos. Si eres indiferente, acepta arriesgar: no quedarás decepcionado. Si te parece difícil seguirlo, no tengas miedo, confía en Él, ten la seguridad de que Él está cerca de ti, está contigo, y te dará la paz que buscas y la fuerza para vivir como Él quiere”.
En todo caso, la homilía más rica, profunda y sugestiva de las que ha pronunciado el Papa Francisco la pasada Semana Santa ha sido la homilía de la misa crismal del jueves por la mañana.
El “pueblo” litúrgicamente cargado sobre los hombros del sacerdote que celebra; las “periferias” de las ciudades y de los corazones alcanzados por el óleo mesiánico; los pastores que deben tener “olor a oveja”: son todas ellas imágenes que quedan felizmente impresas.
L’Osservatore Romano del 30 de marzo ha revelado que el texto de esta homilía de la misa crismal, “con excepción de algunos añadidos”, era el mismo que Bergoglio había “preparado antes de ser elegido Papa y había entregado a sus colaboradores antes de salir hacia el cónclave”; tanto es así, que ha sido leído también en la misa crismal celebrada en la catedral de Buenos Aires.
En lo que respecta a la “ars celebrandi”, en las liturgias de la Semana Santa en San Pedro se ha notado un respeto de la simbología y del esplendor de los ritos más elevado del que se había visto en la misa de inicio de pontificado. También en este punto, sin embargo, con abreviaciones no siempre comprensibles. En particular, no se ha entendido por qué razón, en la vigilia pascual, después del canto del Exultet, se han reducido al extremo las lecturas bíblicas y se ha literalmente mutilado la primera, con la narración de los seis días de la creación limitado sólo a la creación del hombre.
Esa brevedad, que en algunos contextos puede tener su justificación y está, de hecho, prevista por el misal, no se ha entendido qué sentido ha tenido en una vigilia pascual presidida por el Papa y en la que ha participado – en persona o a través de la retransmisión televisiva – un pueblo fiel altamente motivado, al cual se le ha sustraído la plenitud de esa narración de la “historia salutis” que la liturgia ilumina, en esta noche culminante del año, con la luz del cirio pascual.
En una página suya memorable, Romano Guardini describió la celebración de la liturgia de la Pascua en la basílica de Monreale, en Sicilia, llena de campesinos pobres y en gran parte analfabetos y, sin embargo, encantados por el esplendor del rito: “La sagrada ceremonia duró más de cuatro horas, pero siempre hubo una viva participación en ella”.
Precisamente sobre Guardini escribió el jesuita Bergoglio su tesis de doctorado en teología, en Frankfurt en 1986.

Para Alicia Oliveira, hubo "influencias" contra Bergoglio en el cónclave

La ex jueza deslizó sus sospechas sobre una ofensiva contra el argentino en la elección que lo coronó como Papa. A quiénes acusa.



Para la exjueza Alicia Oliveira, la figura de Jorge Mario Bergoglio no era muy querida en distintas jerarquías de la Iglesia católica y, "aunque no lo pueda afirmar con absoluta certeza", afirmó que hubo una ofensiva argentina, sin suerte, contra el jesuita porteño en su carrera para acceder al trono de San Pedro.

De acuerdo con las impresiones de Oliveira, el cardenal Leonardo Sandri, el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, y al exsecretario de Culto Esteban Caselli "ejercieron sus influencias" para que Bergoglio no fuera electo.
La polémica estalló cinco días después del histórico anunció de la fumata blanca, cuando el diario El Cronista afirmó que el Gobierno nacional había emprendido una "campaña sucia" contra el entonces arzobispo de Buenos Aires. Mediante una carta, el embajador argentino en el Vaticano, Juan Pablo Cafiero -principal señalado de ejecutar la maniobra- salió a desmentir la existencia de ese dossier .
Ahora, la exmagistrada y amiga personal del papa, sostuvo en declaraciones al diario Tiempo Argentino: "Según tengo entendido, aunque no lo puedo afirmar con absoluta certeza, Aguer está muy vinculado a (Leonardo) Sandri y a un hombre que fue secretario de culto con Menem: Esteban Caselli". "Ejercieron sus influencias", afirmó Oliveira, que integró una de las comitivas oficiales que viajaron a la entronización del pontífice.
Consultada sobre el rol del embajador CafieroOliveira desvinculó por completo al funcionario. "Por su larga conducta política y humana, no tiene características o personalidad para hacer algo así", estimó. "Cuando hablé por teléfono con el Papa se lo comenté y él me dijo que pensaba lo mismo. Eso no significa que no haya habido cosas para que no lo nombraran", añadió.
La exjueza sostuvo que "dentro del ámbito de la Iglesia, en la jerarquía, hay gente que a Jorge no lo quiere". "Les parece muy light, muy izquierdista. Para esos sectores, que están con la vieja historia de la Iglesia, Jorge es muy light", argumentó.

Le estamos sobreexigiendo al papa Francisco Qué pretendemos del Papa Francisco ?

lunes, 1 de abril de 2013


Desde mi balcón

Por Gloria B. Rolón L. - grolon@uhora.com.py
Quizás por aquello de que, como seres humanos, tendemos siempre a exagerar en nuestras expectativas (a veces pretendemos cambiar el mundo en un día, o tapar el sol con un dedo) es que, hoy, al pobre papa Francisco le estamos confiriendo atribuciones que no puede ni debe tener.
En la semana y pocos días que lleva como tal, ha demos- trado y marcado claras y amplias diferencias con sus predecesores -incluso sin propo- nérselo, estoy segura de ello-; pero, de ahí a esperar que se transforme en un "tsunami" para una institución tan apegada a los dogmas como lo es la Iglesia Católica -convengamos- es, indudablemente, una manifestación más de nuestro pensamiento mágico.
Es un gran hombre. Lo ha demostrado con creces y obrado -tal vez- su primer gran milagro: visibilizar a Latinoamérica más allá del fútbol o de los gobiernos populistas-autoritarios, por los que el tercer mundo suele trascender.
Y ya he visto reclamos del tipo: "Que una religiones", "Que saque a Latinoamérica de la pobreza", etc., etc., etc.
Es por eso que me gustó -y decidí exponerlo aquí en parte- el "Díganle al Papa que se cuide mucho...", que escribía en un email, desde Costa Rica, una activa militante de las redes sociales y muy apreciada amiga -a través de ellas-, Marzha Navarro. "Que se cuide de los facilitadores de las Naciones Unidas, que le van a querer cargar sobre la espalda todas sus metas del milenio", insistía.
Y Marzha, con su descarnada sencillez, lo dijo todo. Pretendemos que el papa Francisco realice las revoluciones que el mundo necesita para solucionar los mil y un problemas que, como habitantes de este planeta, le hemos infligido a la golpeada "Aldea Global".
Sabemos que su gran carisma y solidaridad le serán de gran ayuda en su misión pastoral.
Pero -como también pide Marzha-, vayamos con calma; ya suficientemente cargada tiene la agenda el pobre Francisco con Israel, Barack Obama y Benjamín Netanyahu, Cristina Fernández y Dilma Rousseff, sin olvidar las celebraciones de Semana Santa.
Hagamos todos -en serio y como debemos- nuestra tarea y le estaremos dando una pequeña gran ayuda -y no exigiendo vanamente- al nuevo Papa.

"Es el Papa que necesitábamos"

sábado, 30 de marzo de 2013


"Es el Papa que necesitábamos"

Guillermo Rodríguez Adami / Clarín | Francesca Ambrogetti
 Durante dos años, Francesca Ambrogetti entrevistó en su despacho a Monseñor Jorge Bergoglio. No podía saber que estaba ante el futuro Papa. Él no la olvida.
Elena Peralta / Especial para Clarín MUJER
  • Los santos brillan en el infierno. Apenas había terminado 2001, el país ardía y Francesca Ambrogetti, romana, periodista en Buenos Aires de la agencia italiana ANSA, terminaba de organizar una conferencia de prensa para corresponsales extranjeros con el Arzobispo de Buenos Aires. “¿Monseñor dónde tiene su auto?” “No, hija, yo me vuelvo en colectivo”. La sorpresa no le dejó reacción ni como para insistirle en llamar a un remís. Jorge Bergoglio, el jefe de los Cardenales de la capital de la República, el encargado de los tedeums ante sus presidentes, la cabeza de la diócesis más importante del país, se volvía a la Catedral en colectivo. “Los colegas no lo podían creer. En ningún país los cardenales viajan sin chofer”.
    Francesca no pudo olvidarse de la figura del Arzobispo esperando el 24. “Este hombre merece ser Papa”, pensó. Al otro día llamó a su amigo Sergio Rubín, editor del suplemento Valores Religiosos de Clarín. Juntos decidieron escribir un libro sobre el cardenal que viajaba en colectivo. Hoy, “El Jesuita”, que salió a la calle en 2010, es un récord de ventas. Ediciones B debió sacar una reedición con una nueva foto de tapa, con Bergoglio vestido con el traje de San Pedro, y la aclaración “La historia de Francisco, el Papa argentino”, debajo del título.
    A Jorge, la semilla de Francisco, no fue fácil convencerlo. Y eso que conocía a Rubín de toda la vida. “La gente se va a aburrir. No hay nada interesante para contar de mí”, los despedía sin variaciones cada vez que lo iban a ver a la Curia. Hasta que un día Francesca decidió entrarle por una de sus debilidades. “Se estaba negando, como hacía siempre, y a mí se me ocurrió preguntarle: ‘Monseñor, una amiga mía quiere saber qué son los votos por la paciencia’”. La virtud es una de las preferidas del cardenal que a los 76 años se convirtió en Papa. “Bueno, pasen”, les dijo. Durante dos años Francesca y Sergio fueron al mismo saloncito casi diariamente a que Jorge les contara su vida.
    “¿Y Francesca?”
    “Entrevisté a políticos, presidentes, artistas. Nunca a un Papa”. El día que salió humo blanco y el protodiácono Jean-Louis Tauran dijo con un acento indescrifrable algo parecido a Bergoglio, Francesca estaba en la oficina de ANSA en Buenos Aires. “No. No dijo Bergoglio”, repetía incrédula. Sus compañeros trataban de convencerla de que ese hombre con el que había ido a charlar durante dos años acababa de convertirse en la máxima autoridad de la Iglesia en la Tierra. “Había hablado con él hacía unos días, justo cuando Benedicto renunció. Él me dijo con el mismo tono campechano de siempre: ‘viste Francesca, decían tanto que era conservador y fue capaz de tener un gesto tan revolucionario…”.
    “¡Francesca, es el mismo Jorge de siempre!”, le gritó del otro lado del teléfono Rubín, en plena cobertura de la Asunción. Ya había podido hablar con Francisco y sabía de sobra que el Papa era el mismo que volvía a la Curia en el 24. “¿El Jorge de siempre? Es, fundamentalmente, un pastor”.
    Un pastor conoce a sus ovejas. Francesca Romana era una joven italiana a la que su familia no la dejó hacerse monja... Fue esposa y madre y un alma de una caridad incansable. A ella la bautizaron en honor a la Santa. El 9 de marzo, en pleno cónclave, fue su santo. “¿Y Francesca? ¿La dejaste en Buenos Aires? El otro día me acordé tanto de ella. Fue su santo”, dice que le dijo a Rubín dos días después de convertirse en Papa.
    “Él es así, atento a todo. Sabe lo que te pasa. Te vuelve a ver y te pregunta si pudiste solucionar algo que le comentaste. No es una pose. Es la actitud de un pastor”. Jorge, como pastor, acercó a Francesca un poco más a la Iglesia. “Siempre fui creyente, pero no muy practicante. Pero es imposible hablar con Bergoglio y que su fe no te contagie”.
    “Buona Sera. Fratele, sorele...”. Así fue el primer saludo del nuevo Papa. Francesca asegura que apenas pronunció esas primeras palabras como sucesor de Pedro se metió a Italia en el bolsillo. “Usó el saludo más coloquial. Buona sera, allá es un ‘hola que tal’, no el ‘buenas tardes’ formal que se esperaría de un Pontífice”. Dice que en su país hay una “papamanía”, que todo el tiempo la llaman parientes, amigos, hasta colegas agnósticos enloquecidos con el “Papa del Fin del Mundo”. Ellos esperaban que ganara el candidato italiano, pero los gestos de Jorge los sorprendieron. Francisco está renunciando a todos los privilegios. Y eso en plena crisis pega un montón. ¿Sabés las veces que escuché ‘es el Papa que necesitábamos’, en italiano?”.
    Dice que el Papa que se sienta en última fila de la misa de los jardineros del Vaticano, el que deja a un Obispo parado para ir a saludar a un cura de provincia, o el que se acuerda de que su santo es el mismo que llegaba a las villas porteñas caminando, sin colaboradores ni custodia. “Cuando le decíamos ‘Jorge, lo llevo en auto. Está cansado, es tarde’. Él contestaba siempre lo mismo: ‘tengo que dar testimonio’. El Vaticano es el reino de lo simbólico y los gestos valen demasiado como para considerarlos banales”.
    La sencillez y la inocencia
    “¿Otra vez acá? ¡Qué ganas de perder el tiempo!”, los “retaba” cada vez que lo iban a entrevistar por el libro. Muchas veces los interrumpían en las charlas. Había una mujer medio loca que entraba a la Catedral, a veces a la Curia. “Tenía una historia tristísima, se le había muerto la mamá de chica y había perdido la razón de tanta tristeza”. Entraba y gritaba. A veces, en medio de las charlas que tenía con ellos. “Enseguida, había alguien que la quería convencer de que se fuera. Jorge paraba a todos. ‘Déjenla. Esta es la casa de los que sufren. Y ella ha sufrido tanto… Tiene todo el derecho del mundo a gritar’”, cuenta.
    Bergoglio siempre dejó en claro su vocación Mariana y su devoción por Teresita, la santa de la sencillez y la inocencia. “Él admira mucho a las mujeres. Me decía que los hombres no podrían nunca llegar a tener la fortaleza femenina. Siempre me hablaba de las mujeres paraguayas, de cómo habían tenido que salir adelante sin sus hombres después de la guerra”.
    Ponerse en el lugar del otro es la más cristiana de las virtudes, pero quizás la menos practicada. Cuando “El Jesuita” estuvo terminado, había que elegir a alguien para escribir el prólogo. Encontraron a un amigo personal: alguien tan preocupado por la fe como él, pero responsable de otra de las sucursales de Dios: Abraham Skorka, rabino de la comunidad Benei-Tikvá. En el prólogo Skorka habla del encuentro y lo define cariñosamente como “una de las obsesiones de Bergoglio”. “Vivimos en un mundo lleno de opuestos -dice Francesca-, ¿no es hora de que alguien nos una?”.
    La biografía
    El Jesuita es la biografía autorizada de Jorge Bergoglio, narrada a través de las conversaciones que tuvo con los periodistas Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti. En sus 192 páginas no deja temas sin tocar. Organizado con la lógica de una entrevista periodística, el libro recorre la infancia del Papa en Flores, su vocación religiosa, el temor de su madre el día que le anunció que quería ser cura. San Lorenzo y el tango, sus pasiones fuera de la Iglesia. También contiene una de las pocas referencias que Bergoglio hizo sobre las acusaciones de complicidad con la Dictadura. “Si no hablé en su momento, fue para no hacerle el juego a nadie, no porque tuviese algo para ocultar”, dijo a Rubín y Ambrogetti, cuando todavía era Arzobispo.