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"Ve, Francisco, y repara mi Iglesia en ruinas”

lunes, 1 de abril de 2013

José Bono prologa "Francisco. El nuevo Juan XXIII" (Rd-Desclée)
José Bono prologa "Francisco. El nuevo Juan XXIII", de Vidal y Bastante (Rd-Desclée)

"Ve, Francisco, y repara mi Iglesia en ruinas”

"Francisco parece que tomará decisiones. Ya ha tomado las primeras y solo los lobos le miran con inquietud"

José Bono, 01 de abril de 2013 a las 09:27

 Vi en él un hombre austero, cercano y dialogante. Nada de arrogancia. Habló con educación, con respeto, con humildad
Portada de 'Francisco. El nuevo Juan XXIII'/>

Portada de "Francisco. El nuevo Juan XXIII"

  • Portada de 'Francisco. El nuevo Juan XXIII'
  • José Manuel Vidal
  • Jesús Bastante
(José Bono, prólogo de "Francisco. El nuevo Juan XXIII").- La tarde del pasado miércoles 13 de marzo, tras saber que salía humo blanco por la chimenea de la Capilla Sixtina, fui un espectador más con la mirada clavada en el televisor. Millones de personas nos supimos unidos por la misma emoción, por el deseo de saber el nombre del nuevo Papa y por la esperanza de que un nombre reforzase nuestra fe. Sí, su nombre era lo que esperábamos. Lo que ignorábamos era que al elegir llamarse Francisco, iba a decirnos algo mas, mucho mas que un nombre.
El nombre elegido por el nuevo Papa,Francisco, ya es todo un programa. Como ha dicho el Padre General de la Compañía de Jesús, "el nombre de Francisco evoca su espíritu evangélico de cercanía a los pobres, su identificación con el pueblo sencillo y su compromiso con la renovación de la Iglesia".
En las crónicas franciscanas puede leerse que San Francisco de Asís, allá por el año 1205, tuvo una visión delante del crucifijo. Escuchó al Señor que ledecía: "Ve, Francisco, y repara mi Iglesia en ruinas". Francisco se puso manos a la obra y restauró el templo de San Damián. Pero pronto comprendió que el mandato no era restaurar un edificio sino cambiar la Iglesia.
Cuando se presentó Francisco ante Inocencio III en solicitud de su aprobación para "reparar la Iglesia", como Dios le había pedido, se dice que tuvo lugar la siguiente escena: Después de mostrarle a Francisco las riquezas amasadas por la Iglesia, el Papa Inocencio III le dijo: "Ya ves, la Iglesia ya no puede decir que no tiene oro ni plata como dijo San Pedro al mendigo tullido". A lo que Francisco replicó:"Cierto, pero la Iglesia tampoco puede decir ya 'En el nombre de Jesucristo el Nazareno, levántate y anda". La Iglesia se había convertido en un rico imperio de poder terrenal. El Papa era un monarca absoluto con todo el poder del oro y de la plata, pero el Nazareno era un extraño en aquellos palacios. La Iglesia no podía reconocerse en la sencillez de Belén.
El Papa Inocencio III, vio en sueños la ruina eclesial representada en la basílica de San Juan de Letrán, que se estaba derrumbando y un hombreinsignificante, el religioso Francisco, la aguantaba con su espalda. Inocencio III escuchó paternalmente impresionado a Francisco y el Cardenal Juan de San Pablo advirtió al Papa: «Si rechazamos la demanda de este pobre que no pide sino la confirmación de la forma de vida evangélica, haremos una injuria al mismo Evangelio de Cristo». Inocencio III puso orden en una Iglesia arruinada moralmente.
Ocho siglos después de estos sueños, L'Osservatore Romano nos dice que el Papa era un pastor rodeado de lobos y el propio Benedicto XVI manifiesta que le faltan fuerzas no solo físicas, sino "espirituales". Con humilde sinceridad también nos dice el Papa algo parecido a lo que manifestó al salir de su visita al campo de exterminio nazi de Auschwitz: "¿Dónde estabas Señor cuando estas cosas ocurrían". Al dejar el papado confiesa que alguna noche le ha parecido que "El Señor estaba dormido".
Resulta entrañable que el Sumo Pontífice tenga la humildad de reconocer que hubo noches que no encontró al Señor.
Este llano y modesto lenguaje, impropio de poderosos, contrasta con las deslumbrantes estancias vaticanas, con los pomposos ropajes y riquísimos pectorales de oro al servicio un aparato eclesial concebido para contener, para frenar. La curia romana contiene al episcopado, el episcopado frena al clero, el clero contiene a los laicos ... Las palabras de un Benedicto XVI dimisionario y sin fuerza espiritual no parecen propias de un hombre de Curia y algún purpurado lo ha puesto de manifiesto. La verdad es que el espíritu curial está muy alejado de la sencilla razón del dimisionario al que muchos han interpretado que quería decir: me voy porque ya no os aguanto, ya no puedo mas con vosotros.
A los doce días de marcharse el Papa Benedicto, ciento quince Cardenales entraban en la Capilla Sixtina cantando las letanías e invocando al Espíritu Santo. El espectáculo era litúrgicamente asombroso y deslumbrante. La emoción escénica difícil de lograr en ninguna otra ceremonia del planeta. El sentimiento de muchos purpurados sublime y envidiable. Sin embargo, entre ellos también irían los lobos que acosaban a Benedicto.Las ovejas negras cubiertas de púrpura y en procesión hacia el Cónclave no pensaban en Francisco, ni en que la Iglesia que están arruinando. Posiblemente pensaban en la elección, no de un pastor, sino de poderoso Jefe de Estado. Si, de un monarca absoluto al que los soldados presentan armas; susnuncios tienen rango de embajadores y su Estado posee un Banco que dirige un fabricante de barcos de guerra.
Sin embargo, la elección de Francisco ha roto esquemas. El Espíritu Santo ha tenido tarea, ha debido emplearse a fondo porque es difícil imaginar a ciertos cardenales eligiendo a un jesuita argentino, que despreciando la parafernalia del poder temporal parece suponer un punto de inflexión en la vida de Iglesia. Un cambio de ciclo. Esta elección no se explica sin la presencia de un Espíritu nuevo que parece haber fulminado miles de toneladas de prejuicios que pesan sobre la Iglesia católica. Un Papa en plenitud de facultades mentales ha planteado un relevo ejemplar y los cardenales que lo votaron -un papa como Francisco no pudo tener, por su bien, el voto de algunos electores- ha antepuesto, al menos aparentemente, el interés de millones de fieles sobre los intereses creados de las organizaciones intestinas vaticanas. En definitiva, como dijo Dante de San Francisco, "Nacióle un sol al mundo". Ha nacido la esperanza en la Iglesia.
La elección de Francisco parece evocar aquella visión de hace ocho siglos: "Ve, Francisco, y repara mi Iglesia en ruinas"
No pretendo ser original después de los mares de palabras y voces que se han escuchado sobre el nuevo Papa. Por ello dejo simplemente volar mis emociones y sentimientos al observar los primeros pasos del Papa desde que se abrieron las cortinasdel balcón de San Pedro. Un sentimiento que, como creyente, no me cuesta compartir.
Ya en la antesala del balcón, desde el escalón de la duda, un metro atrás de la balaustrada de mármol, hasta que se hizo con el micrófono, intuí en el nuevo Papa un humilde servidor de Dios. Un hombre llano, sencillo, humano. Hasta parece sentirse reconfortado con su imperfección, como cualquier ser humano.
El Papa pasó de la emoción contenida, paralizante, de saberse observado por la mayoría del Planeta a, en apenas segundos, saber conectar su mundo, con el mundo; Vi en él un hombre austero, cercano y dialogante. Nada de arrogancia. Habló con educación, con respeto, con humildad. Intuyo en él a una persona a la que le costará elevarse sobre los demás, pues sus convicciones más profundas deambulan a ras del suelo.
Se mostró inteligentemente generoso al solicitar una oración por su antecesor, el Papa cesante más vivo de la historia. Después agachó la cerviz, para pedir también una oración por él. Acto seguido habló como si fuera uno más, un creyente perdido en medio de la multitud. "Buenas noches, que descanséis".
Definitivamente el hábito hace al monje. Su presencia, de blanco absoluto, sin oro ni plata, sin muceta, sin báculo ... parecía decirnos "nada de lo que no llevo, necesito". Ha sobrevolado el cuarto de dagas italianas y la armería palaciega, no parece querer usar los títulos pontificios de Príncipe de los Obispos, Padre de los Reyes, Soberano del Estado Vaticano, Patriarca de Occidente, Vicario de Cristo... solamente Francisco, sin numeración ordinal, propia de reyes y, hasta ahora, también de los Papas.
"Se Cristo vedesse" (Si Cristo lo viera). En las calles de Roma, con picardía italiana traducen así el S.C.V. (Stato della Cita del Vaticano) que situado en la matrícula distingue a los magníficos automóviles de la Curia. Sin embargo, Francisco viajó en un pequeño vehículo a recoger sus pertenencias y pagar el hospedaje en la casa que le alojó antes de entrar en el Cónclave. La mirada fija en su rostro le delata como una persona afectiva, humana, extraordinariamente sensible, sin doblez. Sus gafas clásicas, de un Ghandi distraído, parecen ser el antifaz o parapeto de tanta bondad como se le adivina.
Parece que Dios le ha bendecido porque vive en humildad. Quienes a diario nos ocupamos de la propia gloria o grandeza nos alejamos de Dios. Esta ley es la que San Pablo recuerda a los cristianos de Corinto que preferían una evangelización más brillante en sabiduría humana y en milagros. "Dios ha escogido lo débil y lo necio a los ojos del mundo, para confundir a los poderosos". ¡Que desconsuelo y enojo deben tener los que aplaudieron el gesto inquisitivo de Wojtyła sobre un Ernesto Cardenal arrodillado y humilde! Los movimientos ultramontanos, inquisitoriales, integristas y excluyentes de la Iglesia deben estar rezando los misterios dolorosos porque se les ha aparecido un Papa que no solo es jesuita de los de verdad, sino que además de llama Francisco y como el de Asís, parece especialista en someter a los lobos.
En su porte físico se adivina la talla y la envergadura de alguien grande. Visto de espaldas se le intuye fortaleza y rigor; lo que Benedicto no tenía. "Un Papa, además de rezar y escribir, tiene que gobernar" me decía un cardenal. Pues bien, Francisco parece que tomará decisiones. Ya ha tomado las primeras y solo los lobos le miran con inquietud.

"Corrupción y pecado". El libro del Papa sobre la corrupción, en italiano

lunes, 25 de marzo de 2013


Francisco, al Cuerpo Diplomático

La firma de Francisco sugiere a un hombre activo y seguro

"Corrupción y pecado". El libro del Papa sobre la corrupción, en italiano

"Es un hombre de ideales y con un alto grado de romanticismo "

Redacción, 25 de marzo de 2013 a las 16:44

 La corrupción es la hierba mala de nuestros tiempos. Infecta la política, la economia, la sociedad. Amenaza hasta a la iglesia. Es el cáncer moral que ha envuelto Argentina
Francisco bendice los ramos/>

Francisco bendice los ramos

  • Francisco bendice los ramos
  • Portada de 'Francisco. El nuevo Juan XXIII'
  • Francisco con los líderes religiosos
  • El Papa Francisco.
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"Pecadores, sí. Corruptos no". Este es el mensaje principal del Papa Francisco en el libro "Guarire dalla corruzione" que este lunes se publica en italiano. En castellano su título es "Corrupción y pecado". "La concatenación de pecados no conduce a la corrupción, sino que es la cualidad de ellos lo que lleva a generar actitudes que deterioran la capacidad de amar y ensalzan el egoísmo", explica el Santo Padre.
En el ensayo del pontífice se dice que también que, a menudo, confundimos pecado y corrupción. "No es lo mismo aunque sean dos actitudes íntimamente ligadas", aclara el Papa Francisco. "El corrupto ni siquiera se da cuenta de su situación. Es una telaraña que se agranda imponiendo la complicidad".
Se trata de una reflexión escrita por el papa cuando era arzobispo de Buenos Aires el 8 de diciembre de 2005 y que ha sido completado con una meditación del presidente del Senado, Pietro Grasso, que asegura que "es posible curarse de la corrupción".
Según el Sumo Pontífice, "la corrupción es la hierba mala de nuestros tiempos. Infecta la política, la economia, la sociedad. Amenaza hasta a la iglesia. Es el cáncer moral que ha envuelto Argentina".
"El corrupto pone cara de no haber hecho nada, se merecería un doctorado Honoris causa en cosmética social", sentencia con ironía el argentino Jorge Mario Bergoglio.
"No habría corrupción sin corazones corruptos" señala el pontífice.
En el libro recurre a abundantes referencias bíblicas para constatar que el corazón no quiere problemas, tampoco entre los religiosos. Bergoglio advierte de que la cotidianeidad espiritual es una forma de corrupción también para los hombres y mujeres consagrados, a quienes alerta para alejarse de la mediocridad y la tibieza.
Por otro lado, la firma y la grafía del Papa Francisco esconden a un hombre activo, seguro, que cree en las personas, emprendedor, abierto y con capacidad de adaptación, según un informe del Área de Grafología del Instituto Europeo Campus Stellae, dirigido por la presidenta de la Asociación Colegial Española de Peritos Caligráficos y Grafológicos, Nuria Pereira, en el que analizan la firma y la grafía del Papa Francisco.
Concretamente, el estudio revela que el Papa Francisco es una persona con habilidades estéticas y artísticas, con rapidez de pensamiento y facilidad de palabra, según muestra el trazo de la 'F', hecha en tres tramos, que es "propia de una persona inquieta y activa".
Asimismo, el informe indica que su letra 'z', de pie "realmente grande" que supera en una proporción doble el tamaño del cuerpo central de su letra, demuestra que, "aunque es una persona que sabe guardar las formas, en el fondo es un hombre de ideales y con un alto grado de romanticismo al que le gusta valorar su entorno y que tiene capacidad suficiente para disfrutar de pequeñas cosas que a muchos les pasarían desapercibidas, que es observador y detallista".
Por otro lado, de los resultados del estudio se desprende que es una persona con "dinamismo" por su trazo de la 'r' en forma de 'v', algo que, según indican los grafólogos, también se repite en otras letras de su escritura.
Además, en su 'n' con forma de 'u' se observa que "tiene buenos sentimientos, es afable y le gusta creer en las personas", y en el trazo más alto del primer rasgo de su 'n' se ve que "posee una buena dosis necesaria de orgullo de sí mismo". "Es una persona segura que, además, se siente contento y en armonía y que es consecuente con sus principios", apunta el informe.
En general, el estudio apunta que la escritura del Papa Francisco oscila permanentemente entre la verticalidad y una ligera inclinación hacia la derecha, lo que indica que se trata de "una persona dinámica y emprendedora".
Así, remarca que su letra 'a' abierta hacia la derecha refuerza la idea de una persona abierta y comunicativa, al igual que ocurre en el punto de la 'i', también desplazado hacia la derecha.
Por otra parte, a través del modo en que escribe los números, se atisba que es una persona "que sabe priorizar y que posee una gran capacidad de síntesis", que es "realista y goza de una alta capacidad de adaptación, lo que le permite estar siempre conectado con su entorno". El informe concluye que es "un Papa que está en el siglo XXI y que marcará un gran avance para la sociedad".
(Rd/Agencias)